| Eucaristía y matrimonio El matrimonio se fortalecerá en fidelidad, si ambos cónyuges se alimentan de la eucaristía. Autor: P Antonio Rivero LC | Fuente: Catholic.net | |
Antes de dar la relación entre ambos sacramentos, repasemos un poco la maravilla del matrimonio. Es Dios mismo quien pone en esa mujer y en ese hombre el anhelo de la unión mutua, que en el matrimonio llegará a ser alianza, consorcio de toda la vida, ordenado por la misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de los hijos. El matrimonio no es una institución puramente humana. Responde, sí, al orden natural querido por Dios. Pero es Dios mismo quien, al crear al hombre y la mujer, a su imagen y semejanza, les confiere la misión noble de procrear y continuar la especie humana. El matrimonio, de origen divino por derecho natural, es elevado por Cristo al orden sobrenatural. Es decir, con el Sacramento del Matrimonio instituido por Cristo, los cónyuges reciben gracias especiales para cumplir sus deberes de esposos y padres de familia. Por tanto, el Sacramento del Matrimonio o, como se dice, el "casarse por Iglesia" hace que esa comunidad de vida y de amor sea una comunidad donde la gracia divina es compartida. Por su misma institución y naturaleza, se desprende que el matrimonio tiene dos propiedades esenciales: la unidad e indisolubilidad. Unidad, es decir, es uno con una. Indisolubilidad, es decir, no puede ser disuelto por ninguno. El pacto matrimonial es irrevocable: "Hasta que la muerte los separe". No olvidemos que los ministros del Sacramento son los mismos contrayentes. El sacerdote sólo recibe y bendice el consentimiento. ¿Qué relación tiene el Sacramento de la Eucaristía con el del Matrimonio? La eucaristía es sacrificio, comunión, presencia. Es el sacrificio del cuerpo entregado, de la sangre derramada. Todo Él se da: Cuerpo, Alma, Sangre y Divinidad. Es la comunión, el cuerpo que hay que comer y la sangre que hay que beber. Y comiendo y bebiendo esta comida celestial, tendremos vida eterna. Es la presencia que se queda en los Sagrarios para ser consuelo y aliento. El matrimonio también es sacrificio, comunión y presencia. Es el sacrificio en que ambos se dan completamente, en cuerpo, sangre, alma y afectos. Y si no hay sacrificio y donación completa, no hay matrimonio sino egoísmo. El matrimonio es comunión, ambos forman una común unión, son una sola cosa, igual que cuando comulgamos. Jesús forma conmigo una común unión tan fuerte y tan íntima, que nadie puede romperla. El matrimonio, al igual que la eucaristía, también es presencia continua del amor de Dios con su pueblo. El amor es esencialmente darnos a los demás. Lejos de ser una inclinación, el amor es una decisión consciente de nuestra voluntad de acercarnos a los demás. Para ser capaces de amar de verdad es necesario desprenderse cada uno de muchas cosas, sobre todo de nosotros mismos, para darnos sin esperar que nos agradezcan, para amar hasta el final. Este despojarse de uno mismo es la fuente del equilibrio, el secreto de la felicidad. |
jueves, 17 de julio de 2014
martes, 15 de julio de 2014
| Jesús y su Padre...¡nuestro Padre! Dios es Padre y está siempre presente, camina con nosotros y está muy dentro de nosotros. Él da sentido a nuestra existencia. Autor: P. Eusebio Gómez Navarro | Fuente: Catholic.net | |
Se cuenta que el hijo de un rey de Francia, en edad joven, fue reprendido por su educador con palabras severas. El pequeño era consciente de su dignidad y protestó: "No te atreverías a hablarme así si te dieras cuenta que soy el hijo de tu rey". Pero el educador no se inmutó: "Y tú no tendrías el valor de protestar si te dieras cuenta de que yo soy hijo de tu Dios y de que lo llamo cada día "Padre Nuestro". Jesús nos reveló cómo es el corazón de Dios, él es nuestro Padre. Jesús recorría toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán (Mt 4,23-25). Jesús es hijo de un tiempo y de un pueblo y así hereda toda la rica tradición de la fe de Israel quien considera a Dios, sobre todo, como el Señor, el Todopoderoso. Jesús nos presenta una imagen de Dios mucho más cercano, es, sobre todo, Padre y así lo invoca. Dios es un padre bueno y amoroso para con todos los seres humanos, especialmente para con los ingratos y malos, los desorientados, los abatidos y deprimidos. Él hace salir el sol para todos, el que sabe amar y perdonar, el que corre detrás de la oveja descarriada, espera ansioso la vuelta del hijo que se fue de casa y encuentra gran alegría al encontrar lo que se había perdido. Dios se alegra más con la conversión de un pecador que con noventa y nueve justos que no tienen necesidad de convertirse. El Dios de Jesús es el Dios que ama y perdona. Que es paciente y quiere la salvación de todos; es el que le interesa la vida de cada uno; el que no oprime, sino que libera; que no condena, sino que salva; que no castiga, sino que perdona; el que ama la vida. Es el Dios de vivos, de la esperanza y del futuro. ¿Cómo es el corazón de Dios? Jesús lo describe en la parábola del Hijo Pródigo. Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte que me toca de la fortuna... "porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado". Y comenzaron la fiesta... (Lc 15,11-32). El protagonista de esta parábola no es el hijo, es el corazón del Padre, con un amor incondicional, incluso, parece demasiado bueno, que respeta la decisión alocada del hijo, que huye en busca de placeres sin saber qué rumbo tomar. Calla y les deja hacer. "Y el Padre les repartió la hacienda" (Lc 15,12). Podemos olvidarnos de Dios, pero él jamás se olvida de nosotros. Dios nunca nos abandona, por mucho que corramos. Él va siguiendo nuestros pasos. Un hijo puede olvidarse de su madre, pero la madre no se olvidará nunca de su hijo; pues aunque ésta se olvidará, Dios no se olvidará (Is 49,15-16). El padre sufría y amaba en silencio. El padre no abandonó a su hijo, aunque se quedó en casa, su corazón seguía palpitando con él, pues el amor no se puede encerrar en unas paredes y no sabe de distancias. El padre ve al hijo desde lejos y siempre está dispuesto al encuentro. El padre esperaba con amor la vuelta del hijo. "Dios lo perdona todo, porque lo comprende todo", dice un viejo adagio, por eso también lo olvida todo. Oseas y los profetas posteriores a él nos hablan de Dios como de un esposo lleno de paciencia y de ternura, siempre dispuesto a acoger y a perdonar la infidelidad y a amar gratuitamente (Os 14,5). En la historia de la salvación se nos ha manifestado el amor, la paciencia, la fidelidad de un Dios que nos ama sin medida. Dios es padre y madre y nos ama con ternura, es como un padre tierno para los fieles (Sal 103,13). Dios perdona y le gusta perdonar. "¿Qué Dios hay como tú, que perdone el pecado y absuelva el resto de tu heredad?" (Mi 7,18-20). En el Antiguo Testamento aparece, algunas veces, la palabra "Padre" referida a Dios. Y cuando los judíos la usaron, fue siempre en un clima de sumo respeto y majestad, añadiéndole títulos divinos ostentosos. Abbá era la palabra familiar que los niños judíos empleaban para dirigirse a sus padres. Jesús siente en su vida la presencia amorosa de Dios y su alimento es hacer su voluntad; a Dios le llama Padre, y, según parece, lo hacía usando la palabra aramea "abbá"; 170 veces ponen los evangelios esta expresión en labios de Jesús. A todos invita a creer en este Dios, para el que "todo es posible" (Mc 10,27). El Nuevo Testamento conserva la palabra aramea (abbá) para subrayar el hecho insólito del atrevimiento de Jesús (Rm 8,15; Ga 4,6-7). La invocación "Abbá" tiene, pues, un valor primordial, que ilumina toda la vida de Jesús. Todo en él es consecuencia de esta actitud de fe. Jesús deposita en su Padre toda la confianza posible. Digna es de destacar la escena en la que Jesús "con la alegría del Espíritu Santo", bendice al Padre porque se ha "revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, bendito seas, por haberte parecido eso bien" (Lc 10,21). Gracias da al Padre en la resurrección de Lázaro, por haberle escuchado (Jn 11,42). Llenos de confianza están los ruegos de la oración sacerdotal, la noche de su prisión. Pide al Padre protección para los que les ha confiado, para que sean todos uno y que el amor del Padre esté con ellos (Jn 17,1-5). La oración del huerto es narrada por todos los evangelistas (Mt 26,39.42; Lc 22,42; Jn 12,27-29). Marcos se siente obligado a mantener en su escrito la misma palabra aramea usada por Jesús: "¡Abbá! ¡Padre!: todo es posible para ti, aparta de mí este trago, pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú" (14,36). Jesús se atreve a pedirle verse libre del trance de la pasión (Mt 16,21; Mc 8,31; Lc 9,22; 17,25). Afirma su sumisión a la voluntad del Padre, pero dando muestras de que él desearía verse libre del dolor. Momentos antes de su muerte también se dirige al Padre pidiendo el perdón de sus verdugos. Y encomienda su espíritu en manos de su Abbá (Lc 23,46), pero no deja deja de preguntarle las causas de su aparente abandono (Mc 15,34). Jesús no sólo hablaba del Padre, sino que vivía enteramente como hijo: con confianza plena, obediencia total, agradecimiento y piedad. "Te doy gracias, Padre", rezaba lleno de emoción y alegría. En la casa de mi Padre, Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Lo que Tú quieras. Si es posible, Padre... Jesús hablaba siempre con emoción del Padre (Jn 20,17): • De las manos del Padre, fuertes y acogedoras, que crean y sacan del abismo ( Jn 10,29; Lc 23,46) • De la mirada del Padre, que ve en lo secreto ( Mt 6,4.6) • De Las palabras del Padre, que son explicaciones de la Palabra ( Jn 8,35; 12,49-50; 14,24...) • Del trabajo y las obras del Padre, que siempre son de amor ( Jn 5,17. 19-20) • De la voluntad del Padre, que es su alimento ( Jn 4,34; Mt 6,9; 26,42...) • Del amor del Padre, que es inmenso y misericordioso (Lc 15,11-32) • De la gloria del Padre, que es el Espíritu (Jn 17,5). Dios es amor, Padre y está siempre presente, camina con nosotros y está muy dentro de nosotros. Él da sentido a nuestra existencia. Esto lo explica muy bien la siguiente anécdota. Preguntaba una profesora a sus alumnos que cómo sabían que Dios existe, si nunca lo habían visto. Un niño muy tímido, levantó la mano y dijo: - Mi madre me dijo que Dios es como el azúcar en mi leche que ella prepara todas las mañanas. Yo no veo el azúcar que está dentro de la taza en medio de la leche, pero si ella me lo saca, queda sin sabor. Dios existe, y está siempre en el medio de nosotros, solo que no lo vemos. Pero si él no está, nuestra vida queda sin sabor. |
miércoles, 2 de julio de 2014
| La oración: el amor es el que habla Orar es dejar que hable el amor.¡Cuántas veces le tenemos miedo al amor, no dejamos que el amor hable! Autor: P. Pedro Barrajón, L.C. | Fuente: la-oracion.com | |
Esta frase del libro de la vida de Santa Teresa nos ayuda a comprender lo que es la oración. Ella encuentra en Toledo a un Padre dominico conocido que no ve desde hace mucho tiempo. Le cuenta bajo secreto de confesión todo lo que le pasa a su alma y las penas sufridas por la reforma del Carmelo.
El religioso la escucha, la consuela y le pide que no deje de pedir por él. Teresa, agradecida, confía al Señor el alma de este sacerdote. Ella va al lugar a donde solía orar y allí se queda "muy recogida, con un estilo "abovado" que muchas veces, sin saber lo que digo, trato". Y añade: "que es el amor que habla" (Libro de la Vida, 34, 8). Orar es dejar que hable el amor. ¡Cuántas veces le tenemos miedo al amor, no dejamos que el amor hable! Sino que preferimos que hable sólo nuestra razón o nuestra mera capacidad humana de entender las cosas. Muchas veces reprimimos el amor como si fuera muestra de debilidad como si también en la oración tuviéramos que demostrar los fuertes e inteligentes que somos. Sin embargo la oración, sin dejar impedirnos usar nuestro entendimiento, es el momento explayar el corazón, y de dejar que el Amor divino nos inunde y nos queme con sus rayos. En una sociedad más racionalista y secularizada, nos da vergüenza de liberar la parte más noble de nosotros mismos, nuestra capacidad de amar y ser amados. Y vivimos como mutilados, no respirando a pleno pulmón, caminando sólo al ritmo que nos permite nuestras convenciones humanas o nuestro miedo de amar demasiado. Orar, "es el amor que habla". Santa Teresa cuenta que, dejando al religioso, comenzó a hablar con Dios con toda sencillez, como ella solía hacer, dejando que el amor hablase. No sólo el amor que su alma nutría hacia Dios, sino también "comprendiendo el amor que Dios le tiene a ella". La oración usa un lenguaje de amor. Y el lenguaje de amor es especial, es único, tiene su lógica, su gramática y su sintaxis. Lo entienden los que aman. Basta un gesto, una mirada, un movimiento, una sonrisa. Dejemos que el amor hable en nosotros. Dejemos que el Amor nos hable. Dejémonos conducir por el Espíritu Santo que es la persona de la Trinidad que es el Amor del Padre al Hijo y del Hijo al Padre. Cuando aprendamos el lenguaje del amor que nos enseña el Espíritu Santo, lenguaje hecho de sencillez y espontaneidad, que cualquiera que tenga un corazón puede aprender, entonces comprenderemos que la oración no es sino un ejercicio de amor, es una expresión de amor, es un grito de amor, es una súplica de amor. La mística Teresa continua diciendo que el Amor que Dios tiene al alma hace que ésta se olvide de sí y "le parece está en Él". Nada la separa de Él. La sencillez del amor logra el mejor estado de unión. Entonces el alma orante "habla desatinos". Comienza a usar el lenguaje más elevado y puro, el lenguaje del amor, porque, como diría San Juan de la Cruz, "ya sólo en amar es mi ejercicio" (Cántico Espiritual, 95). |
martes, 1 de julio de 2014
«Que a nadie le falte la palabra de vida»
29 de jun de 2014
Homilía completa del Santo Padre en la misa de San Pedro y San Pablo.
«El Señor ha enviado su ángel para librarme de las manos de Herodes» (Hch 12,11). En los comienzos del servicio de Pedro en la comunidad cristiana de Jerusalén, había aún un gran temor a causa de la persecución de Herodes contra algunos miembros de la Iglesia. Habían matado a Santiago, y ahora encarcelado a Pedro, para complacer a la gente. Mientras estaba en la cárcel y encadenado, oye la voz del ángel que le dice: «Date prisa, levántate... Ponte el cinturón y las sandalias... Envuélvete en el manto y sígueme» (Hch 12,7-8). Las cadenas cayeron y la puerta de la prisión se abrió sola. Pedro se da cuenta de que el Señor lo «ha librado de las manos de Herodes»; se da cuenta de que Dios lo ha liberado del temor y de las cadenas. Sí, el Señor nos libera de todo miedo y de todas las cadenas, de manera que podamos ser verdaderamente libres. La celebración litúrgica expresa bien esta realidad con las palabras del estribillo del Salmo responsorial: «El Señor me libró de todos mis temores».
Aquí está el problema para nosotros, el del miedo y de los refugios pastorales. Nosotros -me pregunto-, queridos hermanos obispos, ¿tenemos miedo?, ¿de qué tenemos miedo? Y si lo tenemos, ¿qué refugios buscamos en nuestra vida pastoral para estar seguros? ¿Buscamos tal vez el apoyo de los que tienen poder en este mundo? ¿O nos dejamos engañar por el orgullo que busca gratificaciones y reconocimientos, y allí nos parece estar a salvo? Queridos hermanos obispos ¿Dónde ponemos nuestra seguridad?
El testimonio del apóstol Pedro nos recuerda que nuestro verdadero refugio es la confianza en Dios: ella disipa todo temor y nos hace libres de toda esclavitud y de toda tentación mundana. Hoy, el Obispo de Roma y los demás obispos, especialmente los Metropolitanos que han recibido el palio, nos sentimos interpelados por el ejemplo de san Pedro a verificar nuestra confianza en el Señor.
Pedro recobró su confianza cuando Jesús le dijo por tres veces: «Apacienta mis ovejas» (Jn 21,15.16.17). Y, al mismo tiempo él, Simón, confesó por tres veces su amor por Jesús, reparando así su triple negación durante la pasión. Pedro siente todavía dentro de sí el resquemor de la herida de aquella decepción causada a su Señor en la noche de la traición. Ahora que él pregunta: «¿Me amas?», Pedro no confía en sí mismo y en sus propias fuerzas, sino en Jesús y en su divina misericordia: «Señor, tú conoces todo; tú sabes que te quiero» (Jn 21,17). Y aquí desaparece el miedo, la inseguridad, la pusilanimidad.
Pedro ha experimentado que la fidelidad de Dios es más grande que nuestras infidelidades y más fuerte que nuestras negaciones. Se da cuenta de que la fidelidad del Señor aparta nuestros temores y supera toda imaginación humana. También hoy, a nosotros, Jesús nos pregunta: «¿Me amas?». Lo hace precisamente porque conoce nuestros miedos y fatigas. Pedro nos muestra el camino: fiarse de él, que «sabe todo» de nosotros, no confiando en nuestra capacidad de serle fieles a él, sino en su fidelidad inquebrantable. Jesús nunca nos abandona, porque no puede negarse a sí mismo (cf. 2 Tm 2,13).Es fiel. La fidelidad que Dios nos confirma incesantemente a nosotros, los Pastores, es la fuente de nuestra confianza y nuestra paz, más allá de nuestros méritos. La fidelidad del Señor para con nosotros mantiene encendido nuestro deseo de servirle y de servir a los hermanos en la caridad.
El amor de Jesús debe ser suficiente para Pedro. Él no debe ceder a la tentación de la curiosidad, de la envidia, como cuando, al ver a Juan cerca de allí, preguntó a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?» (Jn 21,21). Pero Jesús, a estas tentaciones, le respondió: «¿A ti qué? Tú, sígueme» (Jn 21,22). Esta experiencia de Pedro es un mensaje importante también para nosotros, queridos hermanos arzobispos. El Señor repite hoy, a mí, a ustedes y a todos los Pastores: «Sígueme». No pierdas tiempo en preguntas o chismes inútiles; no te entretengas en lo secundario, sino mira a lo esencial y sígueme. Sígueme a pesar de las dificultades. Sígueme en la predicación del Evangelio. Sígueme en el testimonio de una vida que corresponda al don de la gracia del Bautismo y la Ordenación. Sígueme en el hablar de mí a aquellos con los que vives, día tras día, en el esfuerzo del trabajo, del diálogo y de la amistad. Sígueme en el anuncio del Evangelio a todos, especialmente a los últimos, para que a nadie le falte la Palabra de vida, que libera de todo miedo y da confianza en la fidelidad de Dios. ¡Tú sígueme!
fuente: News Va
domingo, 29 de junio de 2014
Recemos por ellos, que la Santísima Virgen los cubra bajo su manto.
Los 7 peores países del mundo para ser cristiano, según el informe de Open Doors
28 de jun de 2014
La organización Open Doors, que se define como «servidora de cristianos perseguidos por todo el mundo»

La revolución del Isis en Iraq y la guerra civil en Siria, con talibanes y yihadistas tratando de imponer la «sharía» en las zonas que quedan bajo su control, ha complicado todavía más la supervivencia de los cristianos en esa parte del mundo. Pero no son los únicos. En Sudán, Mariam Ishaq fue condenada a muerte por mantener su fe y no convertirse al Islam. Son ejemplos de un fenómeno que se extiende por el mundo dejando tras de sí nuevos mártires.
La organización Open Doors, que se define como «servidora de cristianos perseguidos por todo el mundo», ha elaborado una lista con los 50 países del mundo donde los cristianos están más perseguidos, y de ellos, 7 se llevan la palma.
1. Corea del Norte
Corea del Norte encabeza por decimosegundo año consecutivo este ignominioso inventario. Es el país donde la persecución es más extrema. Kim Jong-Un no permite la libertad de religión y mucho menos el cristianismo. Allí los fieles sufren una insoportable presión por la que están obligados a vivir su fe de manera oculta, incluso ante sus seres más cercanos, por miedo a acabar en los campos de trabajo forzado.
Según «Open Doors», cualquier cristiano que sea descubierto practicando su fe puede ser arrestado, torturado e incluso ejecutado en público.
Además, a tenor de los datos recopilados por esta asociación, entre 50.000 y 70.000 cristianos han pasado por los campos de «reeducación»..
2. Somalia
El extremismo islámico es el culpable de la persecución de cristianos en Somalia. En un país con más de diez millones de habitantes, apenas unos cuantos de cientos de ellos son católicos. Los observadores de esta asociación han reportado cómo estos pequeños grupos que todavía sobreviven en el país se han convertido en el objetivo de los líderes islámicos del país, que han declarado que Somalia no es un sitio para aquellos que no sean musulmanes.
3. Siria
Más de un millón de cristianos viven en Siria, un país que ha visto cómo cada año que se prolongaba la guerra civil entre partidarios y opositores de Al Assad la convivencia entre distintas religiones se hacía más difícil.
El año pasado ni siquiera estaba en el top diez de este ranking –puesto número once– y sin embargo el recrudecimiento de las batallas y la mayor presencia en la oposición de los radicales de Al Qaida han puesto en riesgo la vida de los cristianos.
4. Iraq
La revolución del Isis en Iraq –que se ha hecho con el control de varias localidades del norte del país– ha complicado aún más la vida de los cristianos en el convulso país.
Los datos recogidos sobre el terreno por esta asociación aseguran que dos de cada tres días un cristiano es asesinado, secuestrado o castigado por mantener su religión.
Además, los graves enfrentamientos del último mes han complicado las cosas allí donde estaban mejor: en la zona kurda. Esta región semiautónoma, donde los cristianos tenían menos dificultades, ha visto cómo sus habitantes están sufriendo las consecuencias de los avances islamistas.
5. Afganistán
En Afganistán no solo existe el riesgo del islamismo radical; también están los enfrentamientos tribales, que dejan a los cristianos en medio de luchas en los que acaban siendo las víctimas.
Los miles de cristianos que viven en este país tienen el problema de que son vistos como miembros de una religión occidental. Algo que, en un país donde el radicalismo gana peso cada día, hace que su perspectiva de futuro sea cada vez más negro.
6. Arabia Saudí
Pese a que la situación económica y la estabilidad de Arabia Saudí no se puede comparar con los países árabes vistos antes, lo cierto es que la situación aquí no es mucho mejor. De hecho, el año anterior Arabia Saudí era el segundo país más complicado para los cristianos, solo por detrás de Corea del Norte.
En Arabia Saudí está prohibida la práctica de cualquier otra religión que no sea el Islam y cualquiera que la abandone puede ser condenado a muerte. Un ejemplo: en 2013 dos cristianos fueron detenidos y condenados a un centenar de latigazos por proselitismo. Hoy permanecen en prisión.
7. Las Maldivas
Bajo la apariencia paradisiaca de sus playas, el presidente Abdulla Yameen mantiene un régimen que persigue y castiga a los pocos cristianos que siguen viviendo en la isla.
En las Islas Maldivas ser ciudadano del país es equivalente a ser musulmán. Por eso «oficialmente» no existen cristianos. El gobierno se ha erigido como protector del Islam, promulgando leyes que impiden la conversión a otras religiones y la construcción de iglesias.
fuente: ABC
sábado, 28 de junio de 2014
La arraigada devoción al Sagrado Corazón en... ¡China!
28 de jun de 2014
La primera iglesia construida en honor al Sagrado Corazón de Jesús se construyó en 1863, y fue destruida durante la revolución cultural.

La fe es un puente capaz de unir a los seres humanos de los países más distantes y las más variadas culturas. Es por esto que la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, entronizada en los hogares de los fieles en los países de Europa y América, puede hallarse también entre los fieles de China.
A pesar de la fuerte persecución de mediados del siglo XX y las actuales restricciones a la libertad religiosa, el Corazón de Cristo tiene su hogar y reina en los corazones en el gigante asiático.
La agencia informativa AsiaNews divulgó el pasado 23 de junio un artículo escrito por el padre Wilhelm K. Müller, Svd, sobre la arraigada devoción al Sagrado Corazón, desde la primera iglesia dedicada en su honor en 1863 a las prácticas de fe de nuestros días.
«Las expresiones externas de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús son muchas», comentó el sacerdote. «En las familias y en los santuarios hay siempre un icono del Sagrado Corazón, encadenado por la corona de espinas, rodeado de llamas de amor, salpicado con gotas de sangre y la cruz plantada en el centro».
Esto es notorio, por ejemplo en imágenes de las improvisadas capillas de la comunidad católica subterránea que vive su fe de manera clandestina por la independencia de sus sacerdotes y obispos frente a las autoridades.
El padre Müller afirma que estas imágenes recuerdan a los católicos el amor sufriente de Jesucristo que se sacrificó para salvar a los hombres.
«Centro de la fe cristiana»
En esta devoción «sigue habiendo una fuerte proclamación de la fundación y el centro de la fe cristiana, un llamado urgente al apostolado de todos los cristianos, para dar una respuesta de fe y amor por nuestra parte».
Una fe que en China ha participado con particularidad del sufrimiento redentor de Cristo: La primera iglesia en honor al Sagrado Corazón, edificada en Zhangzhuangcun en 1863 fue destruida en 1976, al final de la revolución cultural en la cual fue prohibido el apostolado de la Iglesia.
El templo no pudo ser reconstruido hasta 1999. En esta diócesis, hay en el día de hoy 52 iglesias y capillas consagradas al Sagrado Corazón de Jesús, lo cual da testimonio de que la destrucción del templo no acabó con la devoción.
Según el sacerdote, la amplitud de esta devoción es herencia de la comunidad de padres jesuitas, pero en ella participan activamente todas las comunidades religiosas.
«Los misioneros de las órdenes clásicas, los franciscanos, los dominicos y las congregaciones más recientes se nutren de la rica espiritualidad del Sagrado Corazón, una espiritualidad que ha crecido sustancialmente desde la teología del Evangelio de Juan, de la teología patrística y el misticismo medieval», afirmó.
Además, varias comunidades misioneras, entre las que se cuenta la Sociedad del Verbo Divino a la cual pertenece el Padre Müller, se inspiran directamente en esta devoción para animar su vocación evangelizadora.
El Sagrado Corazón en la vida comunitaria
«Entre las comunidades católicas en China las prácticas de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús están muy extendidas», describió el sacerdote. Los fieles se congregan para orar en las mañanas convocados por el sonido de las campanas, especialmente en zonas rurales.
«Es una oración larga, abundante, generosa, con muchas intenciones e invocaciones. Por lo menos en el mes de junio dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, se hacen las Letanías del Sagrado Corazón, seguido por un par de páginas con diferentes oraciones dirigidas al Sagrado Corazón», agregó.
«Después de estas oraciones, que duran más o menos una hora, si hay un sacerdote se celebra la santa misa. A menudo, los fieles siguen con la meditación de la Via Crucis».
Esta vida de piedad comunitaria, destacable en comparación con la práctica en otros países, era aún más notoria anteriormente, pero continúa conservando muchas de sus expresiones.
Más de una hora rezando de memoria
«En el pasado, el domingo estaba totalmente dedicado a la oración en común y se pasaba más tiempo en la iglesia que en casa», recordó el padre Müller. «La oración de la tarde, de nuevo en común, retoma el tema del Sagrado Corazón y de nuevo recitan oraciones y letanías».
Estas oraciones recitadas resultan a veces complejas por haber sido escritas en formas verbales ya en desuso y que a veces resultan prácticamente incomprensibles para los más jóvenes o los menos letrados.
«En el pasado, incluso cuando éramos niños, memorizamos todas las oraciones. ¡Me gustaría ver si alguno de nosotros sería capaz de recitar oraciones apenas comprensibles y por más de una hora!», expresó el sacerdote.
«La falta de comprensión literal de los textos, no disminuye la fe y el fervor de los fieles», aclaró el misionero, quien describió esta forma piadosa como una «oración y abundancia de canto ferviente del corazón, sin estar limitado por las formas de idioma».
Una devoción con lenguaje propio
El padre Müller destacó además que los fieles chinos aceptaron la iconografía del Sagrado Corazón a pesar de que culturalmente los cuerpos deben siempre mantenerse intactos y se comprende menos la veneración de una parte específica del cuerpo como se acostumbra realizar en Occidente con las reliquias de los santos.
«Con toda probabilidad, no hay en el arte chino una representación del corazón físico», explicó el sacerdote, «pero hay que destacar que el concepto de corazón ocupa un lugar muy importante y central en el pensamiento y el sentimiento».
«Hablar del Corazón de Jesús es hablar sobre el lugar más profundo, más íntimo, más real de Dios, origen, condición de vida, finalidad de la existencia», expresó el misionero, quien sugirió que una forma auténticamente china de expresar esa idea podría hallarse no sólo en la pintura o la escultura, sino en la caligrafía: «Con motivo de la canonización de 120 mártires chinos en 2000, se presentó al Santo Padre una caligrafía impresionante: (...) en China han compuesto una caligrafía del ideograma amor con 120 símbolos, un poco diferentes unos de otros, y en medio un ideograma para amor del tamaño aproximado de cuatro símbolos».
El pictograma amor tiene en su raíz o llave el símbolo del corazón. Los 120 símbolos están cada uno por un mártir, el gran símbolo en el centro representa a Jesús. Entonces son 120 símbolos de un amor cordial para un corazón todo inflamado de amor».
Un trabajo de esta naturaleza podría llegar a explicar la gran riqueza de la fe católica y «la colaboración alegre de todos los creyentes en el proyecto salvífico del Sagrado Corazón de Jesús».
Gaudium Press
fuente: Alfa & Omega
| La lucha entre el bien y el mal ¡Corazón Inmaculado! Ayúdanos a vencer la amenaza del mal, que tan fácilmente se arraiga en los corazones Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net | |
Tocamos continuamente la lucha entre el bien y el mal. En la familia y en el trabajo. En la ciudad y en el Estado. Entre amigos y con desconocidos. Esa lucha penetra también en lo más profundo de mi corazón. A veces opto por el bien: soy generoso, perdono, fomento la paciencia, me comprometo a ayudar a familiares, amigos y conocidos. Otras veces elijo el mal: busco sólo mis intereses, me dejo atrapar por la avaricia, envidio a quien parece tener éxito, daño con mi lengua a cercanos o lejanos. Se trata de una lucha que recorre toda la historia humana, y que llegó a niveles inauditos durante la vida de Cristo: el Maligno en persona tentó al Maestro, y desencadenó odios que llevaron al drama del Calvario. Pero la última palabra de la historia humana queda en manos de Dios, que es bueno, omnipotente, misericordioso. La esperanza, desde entonces, es la palabra clave para la vida del cristiano. En medio de la lucha, ante las tentaciones de cada día, necesitamos mirar hacia un crucifijo para aprender el camino que lleva a la victoria: humildad, total obediencia al Padre, perdón, entrega hasta el heroísmo. Tenemos, además, la presencia de una Madre. Ella está cerca de los hijos. Ella nos indica el camino que lleva a Cristo. Ella nos da un ejemplo maravilloso de escucha y acogida de todo aquello que Dios pueda pedirnos. A la Virgen María san Juan Pablo II dirigió una emotiva oración ante los males del mundo, que necesitamos recordar en medio de la lucha que vivimos en nuestros días: ¡Corazón Inmaculado! Ayúdanos a vencer la amenaza del mal, que tan fácilmente se arraiga en los corazones de los hombres de hoy y que con sus efectos inconmensurables pesa ya sobre la vida presente y da la impresión de cerrar el camino hacia el futuro. ¡Del hambre y de la guerra, líbranos! ¡De la guerra nuclear, de una autodestrucción incalculable y de todo tipo de guerra, líbranos! ¡De los pecados contra la vida del hombre desde su primer instante, líbranos! ¡Del odio y del envilecimiento de la dignidad de los hijos de Dios, líbranos! ¡De toda clase de injusticias en la vida social, nacional e internacional, líbranos! ¡De la facilidad de pisotear los mandamientos de Dios, líbranos! ¡De la tentativa de ofuscar en los corazones humanos la verdad misma de Dios, líbranos! ¡Del extravío de la conciencia del bien y del mal, líbranos! ¡De los pecados contra el Espíritu Santo, líbranos!, ¡líbranos! (Juan Pablo II, 25 de marzo de 1984). Estamos en una lucha a muerte. Cada derrota implica un avance del pecado en nuestra historia. Cada victoria abre el mundo a Dios y aumenta el amor hacia el hermano. En este momento decido. Necesito ayuda, desde una súplica humilde a Cristo y a su Madre para que la gracia triunfe en más y más corazones, también en el mío... |
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