miércoles, 12 de octubre de 2016

María Madre Misericordiosa 

María nos salva.
Mientras Santo Domingo predicaba el rosario cerca de Carcasona, le presentaron un albigense poseído del demonio. Exorcizólo el Santo en presencia de una gran muchedumbre. Se cree que estaban presentes más de doce mil hombres. Los demonios que poseían a este infeliz fueron obligados a responder, a pesar suyo, a las preguntas del Santo y confesaron:
1.º que eran quince mil los que poseían el cuerpo de aquel miserable, porque había atacado los quince misterios del rosario;
2.º que con el rosario que Santo Domingo predicaba causaba terror y espanto a todo el infierno y que era el hombre más odiado por ellos a causa de las almas que arrebataba con la devoción del rosario;
3.º revelaron, además, muchos otros particulares.
Santo Domingo arrojó su rosario al cuello del poseso y les preguntó que de todos los santos del cielo, a quién temían más y a quién debían amar más los mortales.
A esta pregunta los demonios prorrumpieron en alaridos tan espantosos que la mayor parte de los oyentes cayó en tierra, sobrecogidos de espanto. Los espíritus malignos, para no responder, comenzaron a llorar y lamentarse en forma tan lastimera y conmovedora, que muchos de los presentes empezaron también a llorar movidos por natural compasión. Y decían en voz dolorida por la boca del poseso: “¡Domingo! ¡Domingo! ¡Ten piedad de nosotros! ¡Te prometemos no hacerte daño! Tú que tienes compasión de los pecadores y miserables, ¡ten piedad de nosotros! ¡Mira cuánto padecemos! ¿Por qué te complaces en aumentar nuestras penas? ¡Conténtate con las que ya padecemos! ¡Misericordia! ¡Misericordia! ¡Misericordia!”
El Santo, sin inmutarse ante las dolientes palabras de los espíritus, les respondió que no dejaría de atormentarlos hasta que hubieran respondido a sus preguntas. Dijéronle los demonios que responderían, pero en secreto y al oído, no ante todo el mundo. Insistió el Santo, y les ordenó que hablaran en voz alta. Pero su insistencia fue inútil: los diablos no quisieron decir palabra. Entonces, el Santo se puso de rodillas y elevó a la Santísima Virgen esta plegaria: “¡Oh excelentísima Virgen María! ¡Por virtud de tu salterio y rosario, ordena a estos enemigos del género humano que respondan a mi pregunta!” Hecha esta oración, salió una llama ardiente de las orejas, nariz y boca del poseso. Los presentes temblaron de espanto, pero ninguno sufrió daño. Los diablos gritaron entonces: “Domingo, te rogamos por la pasión de Jesucristo y los méritos de su Santísima Madre y de todos los santos, que nos permitas salir de este cuerpo sin decir palabra. Los ángeles, cuando tú lo quieras, te lo revelarán. ¿Por qué darnos crédito? No nos atormentes más: ¡ten piedad de nosotros!”
“¡Infelices sois e indignos de ser oídos!”, respondió Santo Domingo. Y, arrodillándose, elevó esta plegaria a la Santísima Virgen: “Madre dignísima de la Sabiduría, te ruego en favor del pueblo aquí presente –instruido ya sobre la forma de recitar bien la salutación angélica–. ¡Obliga a estos enemigos tuyos a confesar públicamente aquí la plena y auténtica verdad al respecto!”
Había apenas terminado esta oración, cuando vio a su lado a la Santísima Virgen rodeada de multitud de ángeles que con una varilla de oro en la mano golpeaba al poseso y le decía: “¡Responde a Domingo, mi servidor!” Nótese que nadie veía ni oía a la Santísima Virgen, fuera de Santo Domingo.
Entonces los demonios comenzaron a gritar:
“¡Oh enemiga nuestra! ¡Oh ruina y confusión nuestra! ¿Por qué viniste del cielo a atormentarnos en forma tan cruel? ¿Será preciso que por ti, ¡oh abogada de los pecadores, a quienes sacas del infierno; oh camino seguro del cielo!, seamos obligados –a pesar nuestro– a confesar delante de todos lo que es causa de nuestra confusión y ruina? ¡Ay de nosotros! ¡Maldición a nuestros príncipes de las tinieblas!
¡Oíd, pues, cristianos! Esta Madre de Cristo es omnipotente, y puede impedir que sus siervos caigan en el infierno. Ella, como un sol, disipa las tinieblas de nuestras astutas maquinaciones. Descubre nuestras intrigas, rompe nuestras redes y reduce a la inutilidad todas nuestras tentaciones. Nos vemos obligados a confesar que ninguno que persevere en su servicio se condena con nosotros. Un solo suspiro que Ella presente a la Santísima Trinidad vale más que todas las oraciones, votos y deseos de todos los santos. La tememos más que a todos los bienaventurados juntos y nada podemos contra sus fieles servidores.
Tened también en cuenta que muchos cristianos que la invocan al morir y que deberían condenarse, según las leyes ordinarias, se salvan gracias a su intercesión. ¡Ah! Si esta Marieta –así la llamaban en su furia– no se hubiera opuesto a nuestros designios y esfuerzos, ¡hace tiempo habríamos derribado y destruido a la Iglesia y precipitado en el error y la infidelidad a todas sus jerarquías! Tenemos que añadir, con mayor claridad y precisión –obligados por la violencia que nos hacen–, que nadie que persevere en el rezo del rosario se condenará. Porque Ella obtiene para sus fieles devotos la verdadera contrición de los pecados, para que los confiesen y alcancen el perdón e indulgencia de ellos.”
Entonces, Santo Domingo hizo rezar el rosario a todos los asistentes muy lenta y devotamente. Y a cada avemaría que recitaban –¡cosa sorprendente!– salía del cuerpo del poseso gran multitud de demonios en forma de carbones encendidos. Cuando salieron todos los demonios y el hereje quedó completamente liberado, la Santísima Virgen dio su bendición –aunque invisiblemente– a todo el pueblo, que con ello experimentó sensiblemente gran alegría.
Este milagro fue causa de la conversión de muchos herejes, que llegaron hasta ingresar en la Cofradía del Santo Rosario.
(De “El Secreto Admirable del Santísimo Rosario” – S. Luis M. Grignion de Montfort)

martes, 11 de octubre de 2016


 

La Madre Teresa ante el silencio de Dios
Una oportunidad para aprender sobre el valor de la vida espiritual.


Por: Carlos J. Díaz Rodríguez | Fuente: Duc in altum! en http://www.religionenlibertad.com 



Cinco décadas son prácticamente una vida. Acercarnos a la figura de la M. Teresa de Calcuta, recientemente canonizada por el papa Francisco, es una oportunidad para aprender sobre el valor de la vida espiritual. Al hacerlo, no podemos perder de vista los largos periodos de silencio o sequedad que vivió en su oración a lo largo de cincuenta años y que nos hacen recordar la “noche oscura…” de San Juan de la Cruz. Pero antes de eso, ¿por qué hablar sobre la espiritualidad en un mundo que parece buscar únicamente lo material?, ¿no es acaso algo considerado raro, cerrado o fuera de época? Nada de eso. Quizá como nunca antes, necesitamos trabajar nuestra dimensión espiritual, pero no como algo abstracto, mágico, agnóstico o desvinculado de la razón, de la ciencia, sino como una experiencia centrada en la persona de Cristo que ha dejado su huella en la historia. Una verdad que, en palabras del papa Francisco, se traduce en relación, ya que tenemos la capacidad de entrar en contacto con Dios. ¿Cuál es esa vía o punto de encuentro? La palabra. En efecto y como lo afirmó de muchas maneras Sto. Domingo de Guzmán a través de las obras que fundó, gracias a la predicación, a la escucha del Evangelio, es posible conocer (intelectualmente) y, por ende, asimilar la fe que se abre a la práctica. No es casualidad que el estrés provoque tantos padecimientos a lo largo y ancho del mundo. ¿Qué hay detrás? El vacío, la soledad. Por eso, la fe, no es una pérdida de tiempo. Al contrario, la humanidad se enferma cuando la olvida, porque está, por decirlo de alguna manera, en su ADN. La vida espiritual resulta clave para crecer como personas y por eso vale la pena abordarla desde la rica tradición cristiano-católica, a la que perteneció santa Teresa de Calcuta. Si bien es cierto que el estrés debe ser atendido de forma profesional, también es verdad que la fe sirve para fortalecer la propia vida y avanzar, haciendo que la paz pueda concretarse, pues Dios existe e interviene.

Regresando a la M. Teresa de Calcuta, vale la pena recordar todo el escándalo que se armó cuando los medios de comunicación, dieron a conocer que había pasado por largos periodos en los que, simple y sencillamente, dejó de sentir a Dios. Un escándalo que, en realidad, no se debió a ella, sino a la falta de información, porque cualquiera que tenga una mínima noción acerca de lo que es la teología ascética y, en general, la vida espiritual, sabe que los periodos de sequedad o falta de devoción, no tienen nada que ver con el ateísmo, sino con el proceso que implica madurar en la fe, porque justamente cuando faltan las palabras y los sentimientos se simplifican, estamos ante una persona que ha ido avanzando y que equivale a un adulto con experiencia. La fe no puede reducirse a una serie de emociones, pues aunque forman parte de la vida y, a veces, Dios las permite como un incentivo, es un hecho que la relación con él implica ir más allá. Su silencio en el caso de la M. Teresa, la llevó a un grado más alto de oración, consiguiendo que saltara un obstáculo que es muy común: vivir en la euforia. Por ejemplo, para saber si una persona va enserio con la fe, no hay que centrarse en el día después de haberse ido de misiones o de retiro, sino mínimo un año posterior a esa fecha. ¿La razón? Ver si hubo una decisión firme más allá de las emociones del momento. La M. Teresa, no fue eufórica, sino muy madura. ¿A qué se debió? Al silencio temporal de Dios que la llevó a lo esencial y no al mero sentimentalismo.

Actualmente, existe el riesgo de buscar la oración de una forma forzada; es decir, en vez de dejar que el Espíritu Santo decida si nos da o no emociones en ese momento, se busca propiciar el incentivo a como dé lugar y eso, claro está, no coincide con la lógica de Jesús. Por eso, la sequedad, no es retroceso, sino avance. Nos toca marcar el momento, darnos un tiempo para la oración, pero lo que suceda una vez comenzada, no es cosa de nosotros, sino de lo que Dios vaya disponiendo. La M. Teresa lo entendió y, pese a todo, siguió adelante en un campo de trabajo complicado. ¿Cómo es que pudo mantenerse? En realidad, ahí está la prueba de que Dios no la abandonó, pues de otra forma hubiera sido imposible que continuara.

“El que canta, ora dos veces”, dice San Agustín, pero no debemos sacar la frase de contexto, porque el silencio también tiene su lugar. Cantar, ayuda, pero resulta necesario alternar, a fin de que la vida espiritual sea una forma de unidad coordinada. La M. Teresa, desde el silencio y la lucha, supo descubrir a Dios. Sigamos su ejemplo para que de verdad seamos católicos maduros. 

domingo, 9 de octubre de 2016

Por: Maleni Grider | Fuente: ACC – Agencia de Contenido Católico 




Una de las cosas más impresionantes acerca de Jesús es el hecho de que su sabiduría no era humana sino divina. Sus palabras no provenían de una mente carnal, sino del mismo Padre Eterno.
El Hijo de Dios siempre tuvo respuestas para todo. Sus contestaciones fueron enseñanzas y, al mismo tiempo, una ruptura de los paradigmas imperantes en la estructura mental de la raza humana, sin importar su cultura.
Jesús dijo: “Amad a sus enemigos”, “Si alguien te abofetea en una mejilla, ofrécele la otra”, “Bienaventurados los que lloran…”, “Mi Reino no es de este mundo”, “Deben perdonar hasta setenta veces siete”, “No he venido a llamar a justos sino a pecadores”, “Alejados de mí, nada pueden hacer”, etcétera.
Parecía ser que su mensaje iba siempre contra toda lógica, y que las cosas que nos pedía hacer eran imposibles. Al mismo tiempo, mientras predicaba toda esta nueva visión del mundo y de la vida humana, Cristo desplegaba su poder en la tierra haciendo toda serie de milagros y prodigios, con lo cual sellaba sus aseveraciones y demostraba que lo que Él revelaba provenía de un lugar fuera del mundo.
A pesar de ello, muchos no le creyeron, fue siempre la minoría la que lo siguió. Y sin embargo, esa minoría transformó al mundo. Desde que Él llegó a la tierra, las leyes convencionales cambiaron, la ley del amor fue revelada a los seres humanos de manera extraordinaria, y la ley del Espíritu (opuesta a la ley de la letra) hizo su aparición.


Cristo propuso estándares morales absolutos y muy altos. Si el ser humano puede odiar, nos pidió no odiar sino perdonar; si el ser humano puede pecar, nos pidió ser perfectos, como su Padre es perfecto; si el ser humano puede cometer adulterio, nos pidió no ser infieles ni siquiera con el pensamiento. La lista puede seguir y seguir, pero la idea central es que Jesús nos mostró que somos capaces de mucho más de lo que creemos.
“Si tienen fe como un gramo de mostaza, podrán remover las montañas y echarlas al mar”; “Si creen, verán la gloria de Dios”. Jesús llamó a Pedro y lo hizo caminar sobre el mar, Jesús multiplicó los peces y los panes, y luego dijo a sus discípulos que “iguales o incluso mayores cosas harían en su nombre”. Revelación y promesas fueron siempre de la mano cuando el Maestro abría su boca y ofrecía su divinidad.
Siendo nuestro Redentor, nos abrió la puerta de la sabiduría que proviene de lo Alto. Nos dio a conocer que para vencer nuestra carnalidad tenemos que vivir por el Espíritu. No hay ninguna otra forma de cumplir sus propósitos o seguir sus pisadas. Él nos puso el ejemplo. Está en nosotros romper o no los paradigmas, tal como Él lo hizo.

sábado, 8 de octubre de 2016



El arma de San Juan Pablo II - la consagración mariana
Reflexiones de María

Es la total consagración a Jesús a través de la Santísima Virgen María.


Por: P. Evaristo Sada LC | Fuente: la-oracion.com 



En el "Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen", San Luis María Grignion de Montfort nos dice que el camino seguro, fácil y corto para acercarnos a Cristo y parecernos más a Él es la consagración a la Virgen María y propone 33 días de preparación para hacer la consagración Mariana.

Todos sabemos que el crecimiento espiritual, nuestra transformación en Cristo, no es cosa fácil. Entonces, es razonable que la oferta de Montfort levante sospechas... Pero hay muchas personas de fiar que lo aprueban y lo promueven. Por ejemplo, el Papa Pío IX dijo que esta devoción a María es la mejor y la más aceptable. El Papa Pío X promulgó que quien rezara la fórmula de la consagración Mariana de San Luis María recibiría indulgencia plenaria en perpetuidad. Él mismo experimentó la eficacia de esta devoción y por ello la promovió con tanta decisión en la encíclica Mariana Ad Diem Illum donde dice que "No hay camino más seguro y más fácil como María para unir a todos los hombres con Cristo." Y el promotor principal ha sido el Papa Juan Pablo II que declaró que la lectura del "Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen", fue decisiva en su vida y tomó como lema papal una expresión que aparece en el texto breve de la consagración Mariana de San Luis María Grignon de Montfort:

Totus tuus ego sum et omnia mea tua sunt. Accipio te in mea omnia. Praebe mihi cor tuum Maria!

Soy todo tuyo y todo lo mío es tuyo. Te recibo como mi todo. ¡Dame tu corazón, oh María!

Todo tuyo.

¿En qué consiste la consagración Mariana?

Es la total consagración a Jesús a través de la Santísima Virgen María. Consiste en un acto libre y voluntario donde ofreces toda tu persona y tu vida, y te entregas todo entero, en cuerpo y alma, a la Madre de Jesús y Madre nuestra para que a través de ella el Espíritu Santo nos transforme conforme a la imagen de Jesús.

La misión que Jesús le dio a María

Jesús nos dio a su madre como nuestra madre espiritual para que Ella nos conciba a la vida cristiana por obra del Espíritu Santo, nos alimente, nos cuide y nos lleve a la plenitud de Cristo.

Cuando Jesús miró por última vez a su Madre antes de morir le dijo: "Mujer aquí tienes a tu hijo. Aquí tienes a tu Madre" (Jn 19, 26-27) ¿Qué quiso decirle Jesús a María? Fórmalos como me formaste a mí. ¿Qué quiso decirle a Juan? (él nos representaba a todos nosotros) Descansa en su regazo, confíate a sus manos maternales: Ella te va a santificar por el poder Espíritu Santo, Ella se encargará de modelarte y transformarte conforme a mi imagen.
San Luis María enuncia en su libro "los actos de caridad que la Virgen, como la mejor de todas las madres, hace para con sus fieles servidores": Ella los ama, los mantiene, los guía y dirige, los defiende y protege, intercede por ellos ante Dios. Y añade los frutos que esta devoción produce en el alma: alcanza luz del Espíritu Santo para crecer en humildad y conocimiento personal, la Sma. Virgen concederá parte de su fe, apartará del alma los escrúpulos y ensanchará y abrirá el corazón para correr "por el camino de los mandamientos de su Hijo" con gran libertad interior, los llenará de una gran confianza en Dios y en Ella misma, "el alma de la Sma. Virgen María se os comunicará para glorificar al Señor" y "Ella dará su fruto a su tiempo y este fruto suyo es Jesucristo".

Pertenecer a María

Por eso, cuando María nos ve a cada uno de nosotros, sus hijos, nos mira con amor, anhelando el momento en que libremente le digamos: Madre, soy todo tuyo, te pertenezco, fórmame como lo hiciste con Jesús, protégeme del Maligno, llévame al Paraíso.

Si Dios Omnipotente confió incondicionalmente en la Virgen María y puso a Su Hijo Unigénito en sus brazos maternales, ¿cómo no vamos a hacerlo nosotros?

Cuando le demos todo a María, Ella se hará cargo de nosotros y de nuestros seres queridos.
Cuando estemos como ciegos en las horas oscuras, María escuchará nuestro grito desesperado: "Señor, que vea" (Mc 10,51) y se encargará de decirle a Jesús: "Mira, no tienen vino" (Jn 2,3) y encontraremos una y otra vez la salida de las tinieblas para entrar en su luz maravillosa (cfr. 1 P 2,9)

A la hora del sufrimiento y de la cruz, María estará allí, de pie a nuestro lado, abrazándonos con ternura. (Jn 19,25)

En las decisiones importantes, María nos mostrará el Camino, la Luz, la Verdad, la Vida. Ella será la dulce y firme Pastora que nos conduzca por el buen Camino (Cfr. Jn 14,6). María nos lleva siempre por el mejor camino a Jesús.

En la vida cotidiana, María será nuestra educadora, la que nos forme en las virtudes cristianas.

María será nuestra maestra de oración. Nos conducirá siempre al Sagrario y nos mostrará el costado traspasado de Su Hijo, nos enseñará a entrar en la intimidad de Su Corazón traspasado.

Es un maravilloso intercambio: le damos nuestro corazón a María y Ella nos da su Corazón inmaculado. A María le gusta compartir, cuando le demos nuestro corazón con absoluto abandono, Ella nos abrirá la intimidad del suyo, conoceremos cómo es su amor a Jesús, cómo gusta Su palabra, cómo contempla los misterios de Su Hijo. Sentiremos como Ella siente, amaremos como Ella ama, dejaremos que Jesús encuentre consuelo y descanso en nosotros como lo encuentra en Ella.

A la hora de nuestra muerte, María será la que nos abra la puerta del hogar definitivo, nos abrace y nos lleve a la presencia del Padre para entrar en su intimidad y permanecer allí para siempre.

Les invito a leer el libro "Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen", quiera Dios que su experiencia sea como la del Papa Juan Pablo II, cuya fórmula de consagración Mariana les comparto ahora:

Soy todo tuyo, María

Virgen María, Madre mía.

Me consagro a ti y confío en tus manos toda mi existencia.
Acepta mi pasado con todo lo que fue.
Acepta mi presente con todo lo que es.
Acepta mi futuro con todo lo que será.

Con esta total consagración, te confío cuanto tengo y cuanto soy, todo lo que he recibido de Dios.
Te confío mi inteligencia,
Mi voluntad, mi corazón.

Deposito en tus manos mi libertad;
mis ansias y mis temores;
mis esperanzas y mis deseos;
mis tristezas y mis alegrías.

Custodia mi vida y todos mis actos para que le sea más fiel al Señor,
y con tu ayuda alcance la salvación.

Te confío ¡Oh María!
Mi cuerpo y mis sentidos
para que se conserven puro
y me ayuden en el ejercicio de las virtudes.

Te confío mi alma para que Tú la preserves del mal.

Hazme partícipe de una santidad, igual a la tuya.

Hazme conforme a Cristo, ideal de mi vida.

Te confío mi entusiasmo
y el ardor de mi juventud,
Para que Tú me ayudes
a no envejecer en la fe.

Te confío mi capacidad y deseo de amar,
Enséñame y ayúdame a amar como Tú has amado
y como Jesús quiere que se ame.

Te confío mi incertidumbres y angustias,
para que en tu corazón yo encuentre
seguridad, sostén y luz,
en cada instante de mi vida.

Con esta consagración
me comprometo a imitar tu vida.
Acepto las renuncias y sacrificios
que esta elección comporta,

Y te prometo, con la gracia de Dios
y con tu ayuda,
ser fiel al compromiso asumido.
Oh María, soberana de mi vida
y de mi conducta

Dispón de mí y de todo lo que me pertenece,
para que camine siempre junto al Señor
bajo tu mirada de Madre.

¡Oh María!
Soy todo tuyo
y todo lo que poseo te pertenece
Ahora y siempre.

AMEN




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miércoles, 5 de octubre de 2016

Mensaje de conversión

Muertes repentinas.
El mundo está lleno de muertes repentinas, no sólo de adultos y personas mayores, sino incluso de jóvenes, y hasta niños y bebés.
Siendo esto así, no debemos dormirnos en los laureles, como quien dice, y preparar nuestras almas para el tránsito al más allá, puesto que nadie sabe en qué momento deberá partir de este mundo. Por eso es necesario estar siempre en gracia y amistad de Dios, para que la muerte no nos sorprenda en pecado mortal o grave, lo cual sería nuestra condenación eterna.
A veces vivimos la vida tranquilamente y por largo tiempo sin confesarnos con el sacerdote, y así creemos que nosotros tenemos el Cielo asegurado, o que Dios nos dará un tiempo antes de la muerte para arrepentirnos y salvarnos.
Despertemos porque este pensamiento no viene de Dios, sino de nuestra presunción y de las astucias del Maligno, que también estará presente en el momento de nuestra muerte, para acusarnos y perdernos a último instante.
Ya Jesús nos previene en el Evangelio que debemos estar siempre preparados, es decir, en gracia de Dios. Si hacemos así, entonces no debemos temer a la muerte repentina, porque tendremos asegurado el Paraíso.
¡Cuántos que se han acostado para pasar la noche, no despertaron más en este mundo! ¡Y nosotros que nos vamos a dormir quizás con odio en el corazón, y en pecado mortal, sin ni siquiera hacer un acto de contrición perfecta cada noche para ponernos en amistad con Dios, así si en la noche nos sobreviene la muerte, evitaremos el Infierno!
¿Dios es bueno? Sí. Infinitamente bueno es Dios. ¿Dios es misericordioso? Sí. Dios es infinitamente misericordioso. Pero nosotros tenemos un tiempo para aprovechar la bondad y misericordia de Dios, y ese tiempo es mientras estamos vivos en este cuerpo mortal. Llegada la muerte, terminó el tiempo de la misericordia y llega el de la justicia.
Locos son los que no piensan en estas cosas, de las que todos los días hacemos experiencia, porque vemos morir a nuestros amigos, vecinos, parientes, y nosotros quizás seguimos en la tibieza, sin confesarnos, sin convertirnos.
Aprovechemos el tiempo de vida, porque se vive una sola vez, y en ese tiempo hay que ganar el Cielo y evitar el Infierno. Si no aprovechamos la vida para esto, habremos vivido inútilmente.

martes, 4 de octubre de 2016

Mensaje de confianza

Recurrir a María.
Jesús domina las fuerzas de la naturaleza. –En los comienzos de su ministerio apostólico, asiste a las Bodas de Caná. Durante el banquete, faltó vino. ¡Qué humillación para la pobre gente que había convidado al Maestro con su Madre y los discípulos! La Virgen María se dio cuenta enseguida del contratiempo: Ella es siempre la primera en darse cuenta de nuestras necesidades y en aliviarlas. Dirige al Hijo una mirada de súplica; le murmura en voz baja una corta oración. María conoce su poder y su amor. Y Jesús, que nada sabe rehusarle, transforma el agua en vino. Este fue su primer milagro.
(De "El Libro de la Confianza", P. Raymond de Thomas de Saint Laurent)
Comentario:
María es mujer y madre, y por experiencia, y también por tener un corazón de mujer y de madre, sabe de nuestras necesidades, y trata de satisfacerlas siempre. Por eso nuestra confianza en Dios debe ser grande, y también nuestra confianza en la Virgen debe ser grandísima, puesto que Dios es su Hijo, y este Hijo no niega nada a su Madre.
Pero recordemos también que a veces el Señor nos hace esperar. Esto sucede por varios motivos, algunos de los cuales podemos vislumbrarlos en este mundo, y otros los sabremos en el más allá. Porque Dios quiere concedernos una gracia, pero a veces estamos tan mal preparados para recibirla y apreciarla, que el Señor se dilata en concederla, para que la apreciemos más al recibirla.
Si queremos ser oídos por Dios y colmados de gracias y favores celestiales y hasta materiales cuando ello no estorba a nuestra salvación y santificación, entonces vayamos a María. Porque quien acude a la Virgen muy pronto verá sus deseos satisfechos, puesto que esta Madre obtiene todo de Dios para sus hijos.
Recordemos que el primer milagro que hizo Jesús, lo realizó por pedido de María, en las Bodas de Caná, convirtiendo el agua en vino. Y esto nos debe dar la clave, el secreto de que es María la que inicia la manifestación taumatúrgica de Jesús. Incluso María aparentemente adelanta el tiempo, pues no era hora todavía de milagros, como Jesús se lo dice claramente a su Madre: “Mujer, aún no ha llegado mi hora”. Pero sin embargo accede al pedido de su Madre, adelantando los tiempos.
También el Señor adelanta los tiempos para concedernos las gracias que pedimos por María. Efectivamente si acudimos a la Virgen para rogar, tendremos el milagro que necesitamos, o algo muchísimo mejor, y en el tiempo oportuno.

lunes, 3 de octubre de 2016

Por: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net 




Confío en Ti, porque eres completamente de fiar. Eres la misericordia sin orillas ni fronteras. Misericordia que ha perdonado, perdona y seguirá perdonando.

Cuanto necesito de esa misericordia y bondad, yo que soy tan pecador. Espero en Ti porque eres la misericordia infinita. Si yo supiera, si yo creyera que tu bondad y misericordia no tienen medida, me sentiría para siempre seguro y tranquilo. Si eres la misericordia infinita, haz que sea también infinita mi confianza.

Todo lo perdonas, aun los más horrendos pecados, si hay un poco de arrepentimiento y humildad. No cabe desesperanza en el corazón de los más grandes pecadores. El perdón de Dios siempre es mayor.

Espero en Ti porque eres fiel a tus promesas. Tú cumples siempre. El hombre casi nunca. Por eso tengo la certeza de tus promesas. Un día las disfrutaré de seguro. Mientras alimento mi esperanza.

La confianza tan necesaria...Las penas son grandes a veces y la esperanza no alcanza. Él nos ha dicho: Confiad totalmente en Mí. Nuestra mente nos dice: No saldrás del hoyo. Así piensan los que se suicidan.
Jesús dice: No os preocupéis... Nuestro refrigerador vacío, la tarjeta vencida, los pagos de la casa sin hacer, la falta de trabajo, no tienes remedio...
La mente y los ojos ven, constatan y deciden en consecuencia. No hay remedio. La fe no constata, se fía de un ser omnipotente e infinitamente misericordioso y elige confiar a pesar de todas las evidencias.

Realmente para Dios el resolver mis problemas es de risa. No le cuesta nada, nada. Y pensar que sólo depende de que yo haga un acto de fe y confianza. Jesús en Ti confío.
Todo lo obtendréis... Reto a cada uno de mis lectores a que tengan esta clase de fe que mueve montañas. La fe mueve montañas, sí, pero solo las que uno se atreve a mover.
Les decía que para los que no tienen trabajo, y sí muchas deudas empiecen a dar algo de lo que todavía tienen, que pidan por los más necesitados que ellos. Y se llevarán la gran sorpresa, Pero esto sólo lo harán los que tienen confianza en Dios.

Problemas de un esposo, hijo o hija que está tercamente alejado de Dios...Oren con confianza inquebrantable de que Dios les concederá la gracia pedida. Pero deben superar la gran prueba: el no ver resultados durante un tiempo o incluso el ver que la situación empeora. Confiar significa continuar orando con la misma seguridad. Y el milagro llegará. Ha llegado ya para muchos y muchas que han orado con esa confianza.

En el evangelio no hay ni un caso de enfermedad o necesidad que no haya sido atendido cuando Cristo encontró una fe como ésa. La siro fenicia, el Centurión y su siervo, la hemorroísa, el leproso...

Problemas duros: Mi hijo está en la cárcel, estoy en quiebra económica, mi matrimonio anda naufragando...alguien de mi familia se fue a otra religión, o anda muy alejado de Dios... Esas personas tienen un reto magnífico, valiente: La confianza mayor que el problema.

La misma confianza que tienes en Dios, tenla en María Santísima. "Si vosotros que sois malos dais buenas cosas a vuestros hijos.. cuanto más vuestro padre celestial..."
¿Crees que Ella no puede, crees que Ella no quiere? El amor que Ella te tiene es como para darte todas las cosas del mundo, con más razón la pequeña cosa que le pides. Problema de confianza, siempre es problema de confianza.

¿Cómo se adquiere la confianza?
Pidiéndosela a Dios y a María Santísima y ejercitándola en pequeños y repetidos actos de confianza. Confío en que me ayudarás a tener hoy qué comer, cómo pagar mis deudas, como conseguir trabajo, cómo lograr que mi hijo o hija regrese al buen camino...

Hay, además, una fórmula secreta para obtener cosas que uno necesita: y consiste en dar. Parece contradictoria pues, si no tengo, qué voy a dar. Siempre el más pobre puede dar algo de lo que tiene. Al dar algo parece empobrecerse de momento, pero hay una ley que se cumple siempre: el que da, recibe. Claro, al que no está acostumbrado a ese modo de proceder o no lo ha experimentado, le cuesta creerlo. Pero yo le reto a que haga la prueba.

Muchos y muchas de ustedes han dado un ejemplo de esto: comprometerse con una ofrenda de amor mensual sin saber si van tener. Pueden estar seguros que se cumplirá lo del profeta Elías con la viuda de Sarepta: No faltará la harina ni el aceite en tu casa hasta que Dios mande la lluvia del cielo...Y así sucedió. Los que han hecho anteriormente la experiencia, lo saben.

Dejo en tus manos, Señor, mi vida entera: Mi pasado, mi presente y mi futuro. También el día de mi muerte. Yo no sé cuándo será ni cómo pero no importa. Me importa que lo sepan las dos personas que más me aman en este mundo, Tú y tu Madre santísima que es también mía. Por eso no tengo miedo a la muerte.

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