jueves, 13 de julio de 2017

Las tres avemarias


Una sencilla oración que, sin embargo, puede hacer muchísimo para honrar a nuestra madre.
Se inicia pidiendo a María protección contra el pecado mortal:

Por el Poder que te concedió Dios Padre (avemaría).
Por la Sabiduría que te concedió Dios Hijo (avemaría).
Por el Amor que te concedió  Dios Espíritu Santo (avemaría).
Las tres Avemarías de la Pureza.
Se rezan al término del quinto misterio del Rosario. Justo empleando las cuatro cuentas que se unen al crucifijo.

En mi casa, mi madre las rezaba así: ( y yo también por supuesto)

" Tres avemarías para honrar la Pureza de nuestra Señora y pidiendo por la pureza de todos los jóvenes

Dios te salve María, Hija de Dios Padre, Virgen Purísima antes del parto, llena eres de Gracia, el Señor es contigo, bendita a Tu eres... Santa María Madre de Dios ruega por nosotros pecadores ahora y en la.....Amén. Oh María sin  pecado concebida. Rogad por nosotros que recurrimos a Vos

Dios te salve María, Madre de Dios Hijo, Virgen Castísima en el parto, llena eres de Gracia, el Señor es contigo, bendita Tú ......Santa María Madre de Dios ruega.....Amén. Oh María  sin...

Dios te salve María, Esposa de Dios Espíritu Santo, Virgen Inmaculada después del parto,llena eres de Gracia....Santa María Madre de Dios ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Oh María sin pecado...

Dios te salve María, Templo y Sagrario de la Santísima Trinidad. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

lunes, 10 de julio de 2017

Resistencia vencida

“En Zaragoza (España), hace años, un día, por no sé qué extraña coincidencia, aunque estaba abierto el templo de Nuestra Señora del Pilar, y era posible la oración en el mismo, la Virgen está sola en su Capilla, de pie sobre el secular trono de jaspe recubierto de plata. Parece esperar con majestad de Reina y amor de Madre a alguno de sus hijos con quien quiere mantener secreta audiencia. Por esto ha despejado por unos momentos la multitud de devotos que suele disputarse los escasos huecos de la alta reja que cierra el Sancta Sanctorum de la Angélica Capilla.
En un confesionario próximo hay sentado un Padre de la Compañía de Jesús, en espera de ejercer su ministerio. Ya iba a levantarse en vista de que no había penitentes que atender allí, cuando ve de pronto que un oficial del ejército se arrodilla a los pies de la Virgen. Le observa, y advierte en él una gran turbación reflejada en su semblante y en todo su cuerpo, no mostrando el fervor del peregrino, ni la admiración del artista, sino más bien la lucha interna del alma, a quien dice Dios como a Saulo: “Es duro para ti golpear contra el aguijón”...
El confesor espera. Baja los ojos para orar con más recogimiento; y vuelve a levantarlos por si hay novedad. Pero el oficial del ejército se ha marchado. La Virgen está de nuevo sola... Baja los ojos el jesuita, y otra vez a poco los levanta y ve al militar que ha vuelto a ocupar su puesto, con más turbación que antes. Otra vez después desaparece; y otra vez vuelve a aparecer. Una nueva desaparición del misterioso militar hace perder al buen Padre las esperanzas de intervenir, y decididamente se levanta para salir del confesionario. Pero en ese mismo momento se presenta el oficial a su lado en ademán de detenerle.
Espere, por favor, le dice: quiero confesarme, y antes de hacerlo le voy a contar lo que me pasa... Hace muchos años que vivo alejado de la Iglesia; pero nunca he podido olvidar dos encargos que me hizo mi querida madre, en la hora de su muerte: rezar diariamente tres Avemarías, y hacer una visita, en Zaragoza, a la Santísima Virgen del Pilar. Lo primero nunca he dejado de cumplirlo (recé todos los días las tres Avemarías); lo segundo lo he querido hacer en llegando a Zaragoza, aunque sentía tentaciones de dilatarlo. Y orando a los pies de Nuestra Señora, he oído una voz que me decía: “confiésate”, y aunque no vi en la Capilla criatura humana que me lo pudiera decir, he respondido: “no quiero”... “Confiésate”, he oído decir por segunda vez, y he respondido: “antes morir”... ¡Cómo había de confesarme yo que tanto he hablado contra la confesión!... “Confiésate o mueres”, me dice la voz misteriosa por tercera vez... Dos veces, durante esta lucha, me he levantado para salir de la iglesia, y he dado algunos pasos fuera de la Capilla, y otras dos veces he vuelto a los pies de la Virgen del Pilar. Después de este tercer aviso, ya no puedo resistir más. Por tanto, Padre, voy a confesarme; treinta y seis años hace que no lo hago...
Largo rato duró la confesión. Luego, a pesar de la humilde resistencia del penitente, el Padre le obligó a acercarse a la sagrada mesa y comulgar. Y seguidamente se quedó el militar haciendo la guardia a su Reina y Madre... Pasó la tarde; sucediéronse uno a otro los rosarios, se cantaron los gozos, y el oficial continuaba inmóvil a los pies de la Virgen. Por fin llegó la hora de cerrar el Santuario, y el sacristán, que se vio obligado a avisarle para que saliera, pudo notar que el mármol del pavimento estaba humedecido con las lágrimas del penitente... Nada más se ha sabido de él; siendo de esperar que la Virgen Santísima, Medianera de todas las gracias, le haya obtenido la de la perseverancia.
El confesor refirió el caso a un respetable sacerdote que lo transmitió a la R. M. Superiora General de las Adoratrices, de cuyos labios lo hemos oído.” (P. Nazario Pérez, S. J. –Revista “El Propagador de las tres Avemarías”. –Padres Capuchinos. –Valencia. –Octubre de 1966.)

Las almas del purgatorio.

animas-benditas-purgatorio
Por medio de la Comunión de los Santos estamos muy unidos a las almas que se purifican en el Purgatorio. Y ellas pueden hacer mucho por nosotros pero, nosotros, al no tenerlas en cuenta ni solicitarles su ayuda, desaprovechamos un mar de gracias y favores de todo género.
Es tiempo de que pensemos más en las almas del Purgatorio, ofreciendo por ellas todo lo que vamos haciendo en el día, y entonces veremos cómo nos auxilian y protegen de manera admirable.
También tenemos que encomendarnos a ellas cuando realizamos un viaje, o también encomendar a nuestros seres queridos que viajan, pues los accidentes los causa el demonio, y las Benditas Almas protegen a las personas de accidentes.
Si supiéramos todo lo que las almas purgantes pueden y quieren hacer por nosotros, no seríamos tan tibios en socorrerlas con nuestras oraciones, haciendo celebrar misas por ellas y también oyendo misas en su favor, y aliviándolas con el ofrecimiento, no sólo de pequeños sacrificios, sino haciendo las más pequeñas cosas de todos los días en su favor, para aliviarlas.
Tenemos un tesoro inagotable por descubrir: Las Almas del Purgatorio. Si nos encomendamos a ellas y encomendamos también a quienes amamos, a nuestro país y al mundo entero, entonces veremos lo que son milagros.
Pero no sólo ellas ayudan en lo espiritual, sino que prodigan favores en lo material, de modo que quedaremos pasmados de lo que pueden y quieren hacer ellas por sus benefactores.
No perdamos más tiempo, y ya que tenemos tantas necesidades de todo tipo, no dejemos pasar esta oportunidad de comenzar, a partir de ahora mismo, a ofrecer todo para el alivio de las Benditas Almas del Purgatorio.
Si tenemos que salir de casa, dejemos a las Benditas Almas el encargo de que cuide de ella. Si tenemos que hacer un viaje o tarea riesgosa, pongámoslo bajo el patrocinio de las almas purgantes. Y en todo peligro o apretura en que nos encontremos, no nos olvidemos de que las Almas del Purgatorio nos pueden ayudar y mucho. Ofrezcamos el Rosario por ellas, y cuando queramos alguna gracia, hagamos como hacía la Madre Teresa de Calcuta: ofrecía el Rosario a las Benditas Almas y ellas se encargaban de obtenerle todo.
Ellas sufren muchísimo y son infinitamente agradecidas para quienes las alivian. Y si por nuestras oraciones y sacrificios, alguna de ellas logra salir del Purgatorio y alcanzar el Cielo, tendremos un alma santa que desde el Cielo nos protegerá incondicionalmente durante toda nuestra vida, y protegerá también a quienes amamos.
Rezar por las Benditas Almas y aliviarlas es un “negocio redondo”, porque saldremos ganando y los bienes de todo tipo no se harán esperar en nuestras vidas y en las de nuestros seres queridos.

jueves, 15 de junio de 2017

El Sagrado Corazón de Jesús.

Jesus
El Señor en estos últimos siglos quiso dar a los hombres la prueba suprema de amor y proponerles un objeto muy adaptado para animarlos a amarle siempre más.
Abrió los tesoros infinitos de su Corazón para enriquecer todos aquellos que le hubiesen tributado todo el honor y el amor posible.
Para manifestar su corazón, e incendiar al mundo entero de amor, eligió una humilde Religiosa de la Visitación de Paray-le-Monial, ciudad francesa. Esta alma privilegiada, nació el 22 de julio de 1647 en Laut Lecourt hacia Verosvies en la Borgoña. Después de haber superado muchas pruebas, en el 1671 ingresó en el Monasterio de la Visitación y en 1672 emitió sus votos religiosos. Poco después de su profesión religiosa, Jesús Maestro le manifestó muchas maravillas e hizo promesas tan extraordinarias a las cuales no se hubiese prestado fe si no hubiesen sido convalidadas por un hecho incontestable y palpable.
Tres son las apariciones con las cuales Nuestro Señor quiso consolar a su elegida.
La primera sucedió el 27 de diciembre de 1673. En ella la joven virgencita fue por el mismo Jesucristo consagrada su apóstol; llamada a difundir y propagar el culto a su adorable Corazón; a manifestar a los hombres su voluntad; y hacerles conocer lo que el Sacratísimo Corazón de Jesús promete a quien hace conocer y propaga su culto.
La segunda sucedió en la octava de Corpus Christi en el año 1674. En ella Jesús manifestó las inexplicables maravillas de su amor y el exceso a que, su Corazón, lo había llevado hacia los hombres, de cuyos no recibía más que abandono y ultrajes. Después añadió: “El abandono en el cual me dejan me es mucho más doloroso de lo que sufrí en mi pasión, tanto que si los hombres me contracambiaran amor, yo estimaría poco todo lo que hice por ellos y quisiera si fuere posible hacer aún más; pero los hombres no tienen más que frialdades y repulsas por todas mis solicitudes. Tú a lo menos dame este consuelo, de suplir cuanto puedas a su ingratitud”.
La tercera sucedió el 16 de junio de 1675, igualmente en la octava de Corpus Christi. Apareciéndole resplandeciente como las demás veces, y mostrándole su Corazón, se quejó de los continuos ultrajes y sacrilegios que recibe en el Sacramento de amor; y agregó con más dolor, que los recibía de corazones a Él consagrados.
Por esto le confió la misión de hacer conocer y amar su adorable Corazón y hacer establecer en la Iglesia una fiesta especial de reparación. “Es esto lo que yo te pido: que el primer viernes después de la octava de Corpus Christi, sea dedicado a una fiesta particular para honrar a mi Corazón, participando en aquel día a la Santa Comunión y haciéndole condigna reparación por los indignos tratamientos que recibe en el Santo Altar. Y Yo te prometo que mi Corazón se dilatará para esparcir con abundancia las riquezas de su Amor sobre todos los que rendirán dicho honor y procurarán que otros hagan los mismo”.
(Este año 2017 será el viernes 23 de junio esta Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús)
En esta tercera revelación se halla todo lo que se refiere a la devoción del Sagrado Corazón; o sea su principio, que no es otra cosa que amor; su fin, que es de ofrecer a Dios un culto de reparación, de consuelo; su carácter, que es el de ser un culto público, después de haber sido por mucho tiempo, una devoción íntima; y por último sus efectos, que consisten en una nueva efusión de amor divino sobre la Iglesia y particularmente sobre aquellas almas piadosas que serán de esta devoción promotoras y apóstoles, puesto que Jesús dijo a la Santa: “Anuncia y haz saber al mundo entero que yo no pondré límites a mis beneficios cuando éstos me serán solicitados por mi Corazón”.
Santísima Virgen.
Si quiere colaborar: Click aquí. 

domingo, 28 de mayo de 2017

Sagrado Corazon de Jesus
Clic en la imagen para saber más sobre el Sagrado Corazón de Jesús.
La Iglesia dedica el mes de Junio a honrar al Sagrado Corazón de Jesús.
Entre una de las prácticas para este mes está la de realizar el ejercicio piadoso del Mes del Sagrado Corazón.
También será bueno profundizar en lo principal de esta devoción que es la Consagración al Sagrado Corazón.
Es por eso que hoy pongo a disposición de ustedes un valiosísimo material para que puedan vivir bien este mes de Junio, honrando al Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo como Él se lo merece.
Dice Jesús: La Consagración puede reducirse a un pacto: a aquel que Yo pedí a mi primer apóstol de España, Bernardo de Hoyos, y antes, en términos equivalentes, a mi sierva Santa Margarita: Cuida tú de mi honra y de mis cosas; que mi Corazón cuidará de ti y de las tuyas.
Para acceder a los archivos sobre esta devoción: CLICK AQUÍ.

Ya no más preguntas.

Dijo el Señor en su Evangelio: “También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar. Aquel día no me harán más preguntas.” Jn 16, 22-23.
Y quizás nosotros también estamos tristes por las cosas que nos pasan, por lo que vivimos o las situaciones que viven quienes amamos. Y nos surge la pregunta: “¿Por qué, Señor, permites estas cosas?” Y no entendemos.
Pero llegará el Día en que tendremos todas las respuestas a los misteriosos porqués. Dios nos revelará todo, y nuestra vida se presentará ante nuestros ojos con toda la verdad. Y entonces veremos lo bueno que fue Dios con nosotros y con todas sus criaturas. Aquél día no le haremos más preguntas al Señor, y tendremos una Alegría que nada ni nadie nos podrá quitar.
Mientras tanto, mientras vivimos en este mundo, es lógico que suframos tristezas y desgracias, porque no estamos en el Cielo, sino en la Tierra, en este valle de lágrimas, como llama a este mundo la oración de la Salve.
Hagamos, entonces, el propósito de pensar en el Cielo que nos espera, en la felicidad y alegría eternas que Dios nos tiene preparadas, y así viviremos contentos y felices, o al menos, resignados, sabiendo que Dios dispone todas las cosas para bien de sus hijos.
El demonio no nos quiere ver felices y nos amarga la vida con la maldad que causa en el mundo, en nosotros y en quienes amamos, para que nos rebelemos contra Dios y Le acusemos de dureza e insensibilidad.
¡No hagamos así! ¡No acusemos a Dios! Tratemos de alabarlo y darle gracias en todas las ocasiones, porque llegará el día, en el tiempo o en la eternidad, en que entenderemos todos los misteriosos porqués de las cosas que nos han sucedido.
Suspiremos por ese momento dichoso en que nos abismaremos en la Felicidad de Dios, en el Cielo bendito que el Señor ha creado para nosotros, y al que llegaremos si somos fieles a pesar de todo, y si creemos y confiamos en Dios a pesar de todas las apariencias y hechos que nos contraríen.
Aprendamos del justo Job, que soportó los males sin haberlos merecido, pero que después de un tiempo recibió su recompensa. Y mientras tanto, mientras no entendemos y estamos en medio del sufrimiento y la oscuridad, suspendamos el juicio, no acusemos a Dios, no le preguntemos el porqué, sino confiemos en Él, que ve toda nuestra situación dolorosa, que tiene una finalidad, y que descubriremos al pasar el tiempo, o en la eternidad.
Que el Espíritu Santo nos ayude a ir entendiendo de a poco las cosas, hasta que algún día nos ilumine toda la verdad en plenitud.

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