La Iglesia dedica el mes de Junio a honrar al Sagrado Corazón de Jesús.
Entre una de las prácticas para este mes está la de realizar el ejercicio piadoso del Mes del Sagrado Corazón. También será bueno profundizar en lo principal de esta devoción que es la Consagración al Sagrado Corazón. Es por eso que hoy pongo a disposición de ustedes un valiosísimo material para que puedan vivir bien este mes de Junio, honrando al Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo como Él se lo merece. Dice Jesús: La Consagración puede reducirse a un pacto: a aquel que Yo pedí a mi primer apóstol de España, Bernardo de Hoyos, y antes, en términos equivalentes, a mi sierva Santa Margarita: Cuida tú de mi honra y de mis cosas; que mi Corazón cuidará de ti y de las tuyas.
Para acceder a los archivos sobre esta devoción: CLICK AQUÍ.
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domingo, 28 de mayo de 2017
Ya no más preguntas. |
Dijo el Señor en su Evangelio: “También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar. Aquel día no me harán más preguntas.” Jn 16, 22-23.
Y quizás nosotros también estamos tristes por las cosas que nos pasan, por lo que vivimos o las situaciones que viven quienes amamos. Y nos surge la pregunta: “¿Por qué, Señor, permites estas cosas?” Y no entendemos. Pero llegará el Día en que tendremos todas las respuestas a los misteriosos porqués. Dios nos revelará todo, y nuestra vida se presentará ante nuestros ojos con toda la verdad. Y entonces veremos lo bueno que fue Dios con nosotros y con todas sus criaturas. Aquél día no le haremos más preguntas al Señor, y tendremos una Alegría que nada ni nadie nos podrá quitar. Mientras tanto, mientras vivimos en este mundo, es lógico que suframos tristezas y desgracias, porque no estamos en el Cielo, sino en la Tierra, en este valle de lágrimas, como llama a este mundo la oración de la Salve. Hagamos, entonces, el propósito de pensar en el Cielo que nos espera, en la felicidad y alegría eternas que Dios nos tiene preparadas, y así viviremos contentos y felices, o al menos, resignados, sabiendo que Dios dispone todas las cosas para bien de sus hijos. El demonio no nos quiere ver felices y nos amarga la vida con la maldad que causa en el mundo, en nosotros y en quienes amamos, para que nos rebelemos contra Dios y Le acusemos de dureza e insensibilidad. ¡No hagamos así! ¡No acusemos a Dios! Tratemos de alabarlo y darle gracias en todas las ocasiones, porque llegará el día, en el tiempo o en la eternidad, en que entenderemos todos los misteriosos porqués de las cosas que nos han sucedido. Suspiremos por ese momento dichoso en que nos abismaremos en la Felicidad de Dios, en el Cielo bendito que el Señor ha creado para nosotros, y al que llegaremos si somos fieles a pesar de todo, y si creemos y confiamos en Dios a pesar de todas las apariencias y hechos que nos contraríen. Aprendamos del justo Job, que soportó los males sin haberlos merecido, pero que después de un tiempo recibió su recompensa. Y mientras tanto, mientras no entendemos y estamos en medio del sufrimiento y la oscuridad, suspendamos el juicio, no acusemos a Dios, no le preguntemos el porqué, sino confiemos en Él, que ve toda nuestra situación dolorosa, que tiene una finalidad, y que descubriremos al pasar el tiempo, o en la eternidad. Que el Espíritu Santo nos ayude a ir entendiendo de a poco las cosas, hasta que algún día nos ilumine toda la verdad en plenitud. |
sábado, 29 de abril de 2017
×En unos momentos: El papa Francisco participa en el encuentro de oración con el clero, los seminaristas, los religiosos y las religiosas. #PapaEnEgipto Click aquí
El amor de María, intuye y se adelantaReflexiones María
Sólo un corazón que ama sabe ser sencillo al pedir y todo lo consigue... como María.
Por: P Antonio Rivero LC | Fuente: Catholic.net
Por: P Antonio Rivero LC | Fuente: Catholic.net
LAS BODAS DE CANÁ
María recibió una invitación para acudir a unas bodas que se celebraban en Caná de Galilea. Unas bodas, en Palestina y entre los judíos, era un acontecimiento importante y revestía un carácter religioso, pues era el medio de perpetuar la raza hasta la plenitud de los tiempos, es decir, hasta los días del Mesías. Los contrayentes eran amigos, parientes quizá, y María aceptó la invitación y acudió a Caná. Fue también invitado Jesús con sus discípulos, y de nuevo se encontraron reunidos, siquiera fuese transitoriamente y por breve tiempo, Madre e Hijo. Y, ¿qué pasó? Vayamos también nosotros a Caná, pues hemos sido invitados con María y Jesús.
Petición: Señor, dame ojos y corazón para intuir las necesidades de mi prójimo y en la medida de mis posibilidades, ayúdame a solucionarlas, a ejemplo de María, que con su poderosa intercesión logró alegrar ese momento hermoso con el vino nuevo de su Hijo.
Fruto: Tener los ojos abiertos a las necesidades de mi prójimo. Tener el corazón listo para conmoverme y las manos listas para ayudar.
Veamos los detalles de caridad de María en Caná.
María estaba invitada: quien vive en la caridad y con caridad siempre es querido en todas partes y, por lo mismo, fácilmente es invitado a estos eventos alegres, humanos y sociales. Y allá fue, porque el amor trata de difundirse por todas partes. ¿Cómo no compartir la alegría de los demás y felicitarles por esta boda? Ella, la madre de Jesús, no podía despreciar estas alegrías humanas, como tampoco lo hará después Jesús, su Hijo. En muchos otros lugares de los Evangelios vemos a Jesús compartiendo banquetes, tanto que los fariseos se escandalizan de eso e incluso algunos le llaman “comilón y bebedor”. ¡Habráse visto! El corazón mezquino que no rebosa amor se escandaliza de que el otro ame y derrame su amor.
Sí, María fue invitada. Pero, ¿en verdad fue a comer y aprovecharse del banquete? El que fuera la primera que captara la insuficiente cantidad de vino sugiere que "estaba en todo", y esto supone atención, actitud observadora, pensar en lo que ocurre y no en sí misma. ¡Otra vez, la caridad, amor al prójimo! Sí, lo opuesto al egoísmo y a buscar la propia satisfacción. Quien se deja llevar por el impulso natural en sus relaciones sociales corre el peligro de ser imprudente y pecar por exceso o por defecto; está abocado a vivir para sí y no para los demás; a dejarse llevar por el egoísmo en lugar de ejercer la caridad y el amor al prójimo. No hubiera sido igual en esa boda sin la presencia de María. El amor todo lo transforma, incluso las situaciones adversas. La caridad no deja indiferente el ambiente en que está. Al contrario caldea el ambiente en que vive y alegra la vida de quienes están a su alrededor.
Quien tiene amor aumenta el grado de felicidad de los demás en la tierra. Basta una sonrisa, una palabra de aliento, un gesto de servicio. ¿Qué hizo María? ¿Qué hubiera hecho yo en su lugar: reclamar, protestar contra los novios y los servidores?
Se acabó el vino y María dijo a Jesús: “no tienen vino”. Aquí está el amor de María, amasado de sencillez y de fe. Sea por la afluencia de invitados, sea por error de cálculo, llegó un momento en que el vino comenzó a escasear de tal manera que era fácil prever su insuficiencia para el tiempo que todavía había de durar la fiesta. Esto era grave, porque el apuro iba a ser tal, cuando se descubriera, que bastaba para amargar a los novios el recuerdo de su boda, que se iba a convertir en regocijado comentario del pueblo durante mucho tiempo. Y aquí interviene María con su caridad intuitiva, ingeniosa y efectiva. Esto quiere decir que andaba discretamente pendiente del servicio, ayudando quizá, sin inmiscuirse en lo que era tarea propia de maestresala. En cuanto vio esto, pensó en el modo de remediarlo. Pensó en la violencia de la situación de los novios. Su bondad le llevó a compadecerse de ellos y a buscar un remedio. Ella sabía que no podía realizar un milagro, pero sabía que su Hijo sí podía. El amor intuye y se adelanta y se cree con confianza para pedir a Dios la solución. ¡Es la madre! Y comunica su preocupación a su Hijo.
María se dirige a Jesús como a su Hijo, pero Jesús le contesta como Mesías: no ha venido a remediar problemas materiales, pues es muy otra la misión que ha recibido del Padre. Aclarado esto, no tiene inconveniente en adelantar su hora: la de hacer un milagro que ponga de manifiesto su poder y dé testimonio de su divinidad. El amor todo lo puede. El amor abre el corazón de Dios. El amor humilde y confiado de María realizó lo que nadie podría hacer en ese momento: convertir el agua en vino. “No tienen vida”, ¡qué oración tan sencilla de María! Ella expone la necesidad con la simplicidad de un niño. Los niños más que pedir, exponen, y no es necesario más porque la compenetración es tan grande que los papás saben perfectamente todo lo que la frase del niño encierra, y es para ellos más clara que un largo discurso. María, siendo la más perfecta de las criaturas, o mejor todavía, la criatura perfecta, su oración, sin duda, es la más perfecta de las oraciones, la mejor hecha, la que reúne todas las cualidades en su máxima profundidad. Es el amor quien hace nuestra oración sencilla, sin rebuscamientos ni artificios. ¿Si nosotros no conseguimos de Dios lo que le pedimos no será porque nos falta sencillez en nuestra oración? Y si nos falta sencillez, ¿no será porque estamos faltos de amor en el corazón? Sólo un corazón que ama sabe ser sencillo al pedir y todo lo consigue. Como María. ¡Qué complicados somos los hombres a veces en nuestras relaciones con Dios y con los demás! Aprendamos de María.
"Haced lo que Él os diga". Es el amor de María lleno de confianza y humildad. La mirada suplicante, confiada, sonriente y amorosa de la Virgen no podía ser indiferente a Jesús en ningún caso. María obró con la seguridad de quien sabe lo que hace, pues el amor da seguridad y abre las puertas del corazón de Dios. Se acercó a los sirvientes y les dio unas instrucciones muy sencillas: "Haced lo que Él os diga". Tras esto, la Virgen vuelve a confundirse entre los convidados. Sólo el que ama a Dios, ama a los demás y se consume viendo cómo, por no poseerlo, no son felices. Esta vibración interior es lo que lleva a acercarles a Dios, pero sin artificios ni convencionalismo, sin acosos ni insistencias, con la tenacidad propia del amor, pero con su suavidad, haciendo que acaben queriendo, abriéndoles horizontes que tienen cerrados. "Haced lo que Él os diga": es el imperativo que lanza quien ama, porque conoce a quien es el Amor supremo. El amor aquí se hace humilde: Él es quien cuenta, no yo. Sólo Él es el Salvador y Mesías. Pero su humildad sabe dar el tono y matiz preciso a su imperativo. La oración que nace de la humildad siempre será escuchada y casi "obliga" a Dios a escuchar y hacer caso. Lo que da intensidad a una oración, lo que hace poner en ella toda el alma es la necesidad, y nadie como el humilde puede percibir hasta qué punto está necesitado de que Dios se compadezca de su impotencia, hasta qué punto depende de Él, hasta qué extremo límite es cierto que el hombre puede plantar y regar, pero que es Dios quien da el incremento (cf 1 Cor 3, 6-7), es Dios quien puede convertir esa agua en vino.
Quien no ama no es humilde. Quien no es humilde trata a Dios con prepotencia y egoísmo, y lo usa para que resuelva los problemas que nosotros mismos nos hemos planteado o sacarnos de los atolladeros en que tercamente nos hemos metido. Pero María es humilde. Expone el problema y la necesidad y deja todo en las manos de su Hijo.
Deja a Cristo el campo totalmente libre para que haga sin compromisos ni violencias su voluntad, pero es porque Ella estaba segura de que su voluntad era lo más perfecto que podía hacerse y de verdad resolvería el asunto. María confía en la sabiduría de su Hijo, en su superior conocimiento, en su visión más amplia y profunda de las cosas que abarca aspectos y circunstancias que Ella podía, quizá, desconocer. La fe y la humildad deja a Dios comprometido con más fuerza que los argumentos más sagaces y contundentes. "Haced lo que Él os diga": ¡Qué conciencia tiene María de que su Hijo es el Señor y es quien debe mandar y ordenar, y no ella! Nos pide que siempre escuchemos a su Hijo y después que hagamos lo que Él nos diga. El amor escucha y hace lo que dice y pide el Amor con mayúscula. Hacer lo que Cristo nos dice es obedecer. Por tanto el amor termina siempre en obediencia. Lo que María nos dice aquí es que obedezcamos, que pongamos toda nuestra personal iniciativa, no en hacer lo que se nos ocurra, sino al servicio de lo que Él nos indique. Como Ella, que fue siempre obediente.
Quien no ama, protesta y no obedece con alegría. Por tanto, este amor de María en Caná desemboca en obediencia a Cristo. No es un amor que se queda sólo a nivel de sentimientos y emociones, o de soluciones más o menos hermosas. El amor tiene que ser acrisolado por la obediencia. Con la obediencia hemos encontrado lo único necesario y todo lo demás viene resuelto como consecuencia. Y la obediencia consiste en cumplir la voluntad de Dios en nuestra vida. Y fue esta obediencia de María y de los servidores quien hizo que Cristo obrase el milagro. Y no fue fácil lo que Cristo les mandó: "Llenen de agua esas tinajas" ¿No será esto absurdo? Los servidores no protestan ni reclaman ni cuestionan. Obedecen, simplemente. Y obedecieron inmediatamente. Y obedecieron hasta el final, llenando las tinajas hasta arriba. No puede obedecerse a medias.
María recibió una invitación para acudir a unas bodas que se celebraban en Caná de Galilea. Unas bodas, en Palestina y entre los judíos, era un acontecimiento importante y revestía un carácter religioso, pues era el medio de perpetuar la raza hasta la plenitud de los tiempos, es decir, hasta los días del Mesías. Los contrayentes eran amigos, parientes quizá, y María aceptó la invitación y acudió a Caná. Fue también invitado Jesús con sus discípulos, y de nuevo se encontraron reunidos, siquiera fuese transitoriamente y por breve tiempo, Madre e Hijo. Y, ¿qué pasó? Vayamos también nosotros a Caná, pues hemos sido invitados con María y Jesús.
Petición: Señor, dame ojos y corazón para intuir las necesidades de mi prójimo y en la medida de mis posibilidades, ayúdame a solucionarlas, a ejemplo de María, que con su poderosa intercesión logró alegrar ese momento hermoso con el vino nuevo de su Hijo.
Fruto: Tener los ojos abiertos a las necesidades de mi prójimo. Tener el corazón listo para conmoverme y las manos listas para ayudar.
Veamos los detalles de caridad de María en Caná.
María estaba invitada: quien vive en la caridad y con caridad siempre es querido en todas partes y, por lo mismo, fácilmente es invitado a estos eventos alegres, humanos y sociales. Y allá fue, porque el amor trata de difundirse por todas partes. ¿Cómo no compartir la alegría de los demás y felicitarles por esta boda? Ella, la madre de Jesús, no podía despreciar estas alegrías humanas, como tampoco lo hará después Jesús, su Hijo. En muchos otros lugares de los Evangelios vemos a Jesús compartiendo banquetes, tanto que los fariseos se escandalizan de eso e incluso algunos le llaman “comilón y bebedor”. ¡Habráse visto! El corazón mezquino que no rebosa amor se escandaliza de que el otro ame y derrame su amor.
Sí, María fue invitada. Pero, ¿en verdad fue a comer y aprovecharse del banquete? El que fuera la primera que captara la insuficiente cantidad de vino sugiere que "estaba en todo", y esto supone atención, actitud observadora, pensar en lo que ocurre y no en sí misma. ¡Otra vez, la caridad, amor al prójimo! Sí, lo opuesto al egoísmo y a buscar la propia satisfacción. Quien se deja llevar por el impulso natural en sus relaciones sociales corre el peligro de ser imprudente y pecar por exceso o por defecto; está abocado a vivir para sí y no para los demás; a dejarse llevar por el egoísmo en lugar de ejercer la caridad y el amor al prójimo. No hubiera sido igual en esa boda sin la presencia de María. El amor todo lo transforma, incluso las situaciones adversas. La caridad no deja indiferente el ambiente en que está. Al contrario caldea el ambiente en que vive y alegra la vida de quienes están a su alrededor.
Quien tiene amor aumenta el grado de felicidad de los demás en la tierra. Basta una sonrisa, una palabra de aliento, un gesto de servicio. ¿Qué hizo María? ¿Qué hubiera hecho yo en su lugar: reclamar, protestar contra los novios y los servidores?
Se acabó el vino y María dijo a Jesús: “no tienen vino”. Aquí está el amor de María, amasado de sencillez y de fe. Sea por la afluencia de invitados, sea por error de cálculo, llegó un momento en que el vino comenzó a escasear de tal manera que era fácil prever su insuficiencia para el tiempo que todavía había de durar la fiesta. Esto era grave, porque el apuro iba a ser tal, cuando se descubriera, que bastaba para amargar a los novios el recuerdo de su boda, que se iba a convertir en regocijado comentario del pueblo durante mucho tiempo. Y aquí interviene María con su caridad intuitiva, ingeniosa y efectiva. Esto quiere decir que andaba discretamente pendiente del servicio, ayudando quizá, sin inmiscuirse en lo que era tarea propia de maestresala. En cuanto vio esto, pensó en el modo de remediarlo. Pensó en la violencia de la situación de los novios. Su bondad le llevó a compadecerse de ellos y a buscar un remedio. Ella sabía que no podía realizar un milagro, pero sabía que su Hijo sí podía. El amor intuye y se adelanta y se cree con confianza para pedir a Dios la solución. ¡Es la madre! Y comunica su preocupación a su Hijo.
María se dirige a Jesús como a su Hijo, pero Jesús le contesta como Mesías: no ha venido a remediar problemas materiales, pues es muy otra la misión que ha recibido del Padre. Aclarado esto, no tiene inconveniente en adelantar su hora: la de hacer un milagro que ponga de manifiesto su poder y dé testimonio de su divinidad. El amor todo lo puede. El amor abre el corazón de Dios. El amor humilde y confiado de María realizó lo que nadie podría hacer en ese momento: convertir el agua en vino. “No tienen vida”, ¡qué oración tan sencilla de María! Ella expone la necesidad con la simplicidad de un niño. Los niños más que pedir, exponen, y no es necesario más porque la compenetración es tan grande que los papás saben perfectamente todo lo que la frase del niño encierra, y es para ellos más clara que un largo discurso. María, siendo la más perfecta de las criaturas, o mejor todavía, la criatura perfecta, su oración, sin duda, es la más perfecta de las oraciones, la mejor hecha, la que reúne todas las cualidades en su máxima profundidad. Es el amor quien hace nuestra oración sencilla, sin rebuscamientos ni artificios. ¿Si nosotros no conseguimos de Dios lo que le pedimos no será porque nos falta sencillez en nuestra oración? Y si nos falta sencillez, ¿no será porque estamos faltos de amor en el corazón? Sólo un corazón que ama sabe ser sencillo al pedir y todo lo consigue. Como María. ¡Qué complicados somos los hombres a veces en nuestras relaciones con Dios y con los demás! Aprendamos de María.
"Haced lo que Él os diga". Es el amor de María lleno de confianza y humildad. La mirada suplicante, confiada, sonriente y amorosa de la Virgen no podía ser indiferente a Jesús en ningún caso. María obró con la seguridad de quien sabe lo que hace, pues el amor da seguridad y abre las puertas del corazón de Dios. Se acercó a los sirvientes y les dio unas instrucciones muy sencillas: "Haced lo que Él os diga". Tras esto, la Virgen vuelve a confundirse entre los convidados. Sólo el que ama a Dios, ama a los demás y se consume viendo cómo, por no poseerlo, no son felices. Esta vibración interior es lo que lleva a acercarles a Dios, pero sin artificios ni convencionalismo, sin acosos ni insistencias, con la tenacidad propia del amor, pero con su suavidad, haciendo que acaben queriendo, abriéndoles horizontes que tienen cerrados. "Haced lo que Él os diga": es el imperativo que lanza quien ama, porque conoce a quien es el Amor supremo. El amor aquí se hace humilde: Él es quien cuenta, no yo. Sólo Él es el Salvador y Mesías. Pero su humildad sabe dar el tono y matiz preciso a su imperativo. La oración que nace de la humildad siempre será escuchada y casi "obliga" a Dios a escuchar y hacer caso. Lo que da intensidad a una oración, lo que hace poner en ella toda el alma es la necesidad, y nadie como el humilde puede percibir hasta qué punto está necesitado de que Dios se compadezca de su impotencia, hasta qué punto depende de Él, hasta qué extremo límite es cierto que el hombre puede plantar y regar, pero que es Dios quien da el incremento (cf 1 Cor 3, 6-7), es Dios quien puede convertir esa agua en vino.
Quien no ama no es humilde. Quien no es humilde trata a Dios con prepotencia y egoísmo, y lo usa para que resuelva los problemas que nosotros mismos nos hemos planteado o sacarnos de los atolladeros en que tercamente nos hemos metido. Pero María es humilde. Expone el problema y la necesidad y deja todo en las manos de su Hijo.
Deja a Cristo el campo totalmente libre para que haga sin compromisos ni violencias su voluntad, pero es porque Ella estaba segura de que su voluntad era lo más perfecto que podía hacerse y de verdad resolvería el asunto. María confía en la sabiduría de su Hijo, en su superior conocimiento, en su visión más amplia y profunda de las cosas que abarca aspectos y circunstancias que Ella podía, quizá, desconocer. La fe y la humildad deja a Dios comprometido con más fuerza que los argumentos más sagaces y contundentes. "Haced lo que Él os diga": ¡Qué conciencia tiene María de que su Hijo es el Señor y es quien debe mandar y ordenar, y no ella! Nos pide que siempre escuchemos a su Hijo y después que hagamos lo que Él nos diga. El amor escucha y hace lo que dice y pide el Amor con mayúscula. Hacer lo que Cristo nos dice es obedecer. Por tanto el amor termina siempre en obediencia. Lo que María nos dice aquí es que obedezcamos, que pongamos toda nuestra personal iniciativa, no en hacer lo que se nos ocurra, sino al servicio de lo que Él nos indique. Como Ella, que fue siempre obediente.
Quien no ama, protesta y no obedece con alegría. Por tanto, este amor de María en Caná desemboca en obediencia a Cristo. No es un amor que se queda sólo a nivel de sentimientos y emociones, o de soluciones más o menos hermosas. El amor tiene que ser acrisolado por la obediencia. Con la obediencia hemos encontrado lo único necesario y todo lo demás viene resuelto como consecuencia. Y la obediencia consiste en cumplir la voluntad de Dios en nuestra vida. Y fue esta obediencia de María y de los servidores quien hizo que Cristo obrase el milagro. Y no fue fácil lo que Cristo les mandó: "Llenen de agua esas tinajas" ¿No será esto absurdo? Los servidores no protestan ni reclaman ni cuestionan. Obedecen, simplemente. Y obedecieron inmediatamente. Y obedecieron hasta el final, llenando las tinajas hasta arriba. No puede obedecerse a medias.
miércoles, 19 de abril de 2017
El sepulcro vacío. |
El cuerpo de Jesús no está en el sepulcro.
Hay tres posibilidades:
1) Jesús resucitó;
2) robaron el cuerpo los discípulos y luego dijeron que resucitó;
3) robaron el cuerpo los judíos y enemigos.
Vemos que queda sólo la primera posibilidad: Jesús resucitó.
Porque si los discípulos hubieran robado el cuerpo, no habrían dado la vida por testimoniar que Jesús resucitó, pues nadie da la vida por algo que sabe que es una mentira, una patraña, y ellos murieron a millares por defender que Jesús resucitó.
El cuerpo del Señor tampoco lo robaron los judíos o enemigos, pues cuando los Apóstoles y discípulos comenzaron a predicar y anunciar que Jesús había resucitado, ellos enseguida habrían mostrado el cuerpo muerto de Jesús, demostrando con esto la falsedad de dicha afirmación.
Por lo tanto, usando sólo la razón, queda la primera opción: JESÚS RESUCITÓ.
Que Jesús resucitó es la verdad de fe que fundamenta todo, por eso quien no cree en la Resurrección de Cristo, vana es su fe.
Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, ha resucitado del sepulcro, ha ascendido a los Cielos y está a la diestra de Dios Padre, y desde allí volverá a juzgar a vivos y muertos; vivos en el alma y en el cuerpo, y muertos también en el alma y en el cuerpo.
La resurrección del Señor nos asegura que todos resucitaremos algún día, el Último día, para el Juicio, luego del cual cada uno irá con su cuerpo y alma al lugar que le tocará: Cielo o Infierno, y para siempre.
Entonces ¡qué santo debe ser todo nuestro obrar en este mundo! pues todo quedará patente ante el universo entero, y lo que hemos realizado en lo oculto y escondido, se mostrará a los cuatros vientos. Pero para quienes hayan hecho penitencia y se salven, el Señor ocultará sus faltas y pecados y no los mostrará al mundo para que los justos no tengan que avergonzarse por nada. En cambio los que se condenen, sufrirán una vergüenza eterna, sus pecados y maldades serán puestos en evidencia ante toda la humanidad.
Cuando celebramos la Pascua, y deseamos ¡Feliz Pascua!, estamos confesando esta verdad de que Jesús ha resucitado y nosotros resucitaremos con Él algún día.
Pero también la resurrección comienza ya desde este mundo, pues cuando vamos dejando de lado el pecado, y nos hacemos mejores, entonces ya estamos resucitando a una vida nueva, ya vamos dejando el hombre viejo para revestirnos, ya aquí en la tierra, con el hombre nuevo.
Entonces, sabiendo mejor ahora lo que quiere decir el saludo: “Feliz Pascua”, les deseo a todos, una muy Feliz Pascua de Resurrección.
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El primer domingo después de Pascua celebramos la fiesta de la Divina Misericordia, según las revelaciones de Jesús a Santa Faustina. Esta fue la devoción preferida de nuestro amado Juan Pablo II, junto con la de Fátima, por la que se sentía protegido, y también de nuestro Papa Benedicto XVI.
«Aquéllos que proclamen Mi gran Misericordia, Yo mismo los defenderé en la hora de la muerte como mi Gloria, aunque los pecados de las almas fuesen negros como la noche.» Nº 378.
«Esta es la hora de la gran Misericordia para el mundo entero. ...En esta hora nada le será negado al alma que lo pida por los méritos de mi Pasión.» Diario, Nº 1320.
INDULGENCIAS
"Se concede indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística, y oración etc.), al fiel que, en el domingo segundo de Pascua, llamado Domingo de la Misericordia Divina, en cualquier iglesia u oratorio, con espíritu totalmente alejado del afecto a todo pecado, incluso venial, participe en actos de piedad realizados en honor de la Misericordia Divina. O al menos rece, en presencia del Santísimo Sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús Misericordioso." (Ej.: "Jesús Misericordioso, en tí confío".)
La devoción a la Divina Misericordia es un gran regalo de Dios a la Iglesia, a nosotros. Celebremos el Amor de Dios con un corazón pleno de felicidad, de reconocimiento a un Jesús que después de dos mil años, sigue siendo tan Bueno como en la Galilea de Pedro y los demás apóstoles.
domingo, 26 de febrero de 2017
Las tres Avemarías de la Pureza.
Se rezan al término del quinto misterio del Rosario. Justo empleando las cuatro cuentas que se unen al crucifijo.
En mi casa, mi madre las rezaba así: ( y yo también por supuesto)
" Tres avemarías para honrar la Pureza de nuestra Señora y pidiendo por la pureza de todos los jóvenes
Dios te salve María, Hija de Dios Padre, Virgen Purísima antes del parto, llena eres de Gracia, el Señor es contigo, bendita a Tu eres... Santa María Madre de Dios ruega por nosotros pecadores ahora y en la.....Amén. Oh María sin pecado concebida. Rogad por nosotros que recurrimos a Vos
Dios te salve María, Madre de Dios Hijo, Virgen Castísima en el parto, llena eres de Gracia, el Señor es contigo, bendita Tú ......Santa María Madre de Dios ruega.....Amén. Oh María sin...
Dios te salve María, Esposa de Dios Espíritu Santo, Virgen Inmaculada después del parto,no leña eres ....Santa María Madre de Dios ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Oh María sin pecado...
Dios te salve María, Templo y Sagrario de la Santísima Trinidad. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.
Se rezan al término del quinto misterio del Rosario. Justo empleando las cuatro cuentas que se unen al crucifijo.
En mi casa, mi madre las rezaba así: ( y yo también por supuesto)
" Tres avemarías para honrar la Pureza de nuestra Señora y pidiendo por la pureza de todos los jóvenes
Dios te salve María, Hija de Dios Padre, Virgen Purísima antes del parto, llena eres de Gracia, el Señor es contigo, bendita a Tu eres... Santa María Madre de Dios ruega por nosotros pecadores ahora y en la.....Amén. Oh María sin pecado concebida. Rogad por nosotros que recurrimos a Vos
Dios te salve María, Madre de Dios Hijo, Virgen Castísima en el parto, llena eres de Gracia, el Señor es contigo, bendita Tú ......Santa María Madre de Dios ruega.....Amén. Oh María sin...
Dios te salve María, Esposa de Dios Espíritu Santo, Virgen Inmaculada después del parto,no leña eres ....Santa María Madre de Dios ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Oh María sin pecado...
Dios te salve María, Templo y Sagrario de la Santísima Trinidad. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.
jueves, 23 de febrero de 2017
Rayos de Fe
Dios es el Ser y el Amor.
Dios es uno en su esencia, en su omnipotencia y en todas sus perfecciones. Dios es el Ser, el que Es. Su esencia es existir. Él existe siempre, siempre existió y siempre existirá. De Él vienen todos los demás seres que existen, de Él tomaron la existencia, por eso Dios es el Ser necesario, porque sin Él, nada puede existir.
Dios también es el Amor, como dice el Apóstol San Juan, y por eso debemos tener ilimitada confianza en Dios, sabiendo que es el Amor, es la Misericordia infinita, es el Bien, es el Bueno.
¡Qué alegría debemos sentir siempre de tener semejante Padre en el Cielo, que no está ausente de la tierra, pues al ser Dios está presente en todos lados! ¡Cuánto amor debemos profesarle, pues amor con amor se paga!
No estamos por casualidad o por azar en este mundo, sino que Dios, desde toda eternidad ha pensado en nosotros, y nos ha creado para que seamos felices con Él para siempre en el Cielo.
Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, y por eso nos ha dado todos los auxilios para que, cumpliendo sus Mandamientos y siguiendo sus enseñanzas, nos salvemos. Pero si nosotros rechazamos la ayuda de Dios, entonces nos condenaremos en el Infierno eterno.
Si Dios es Bueno y es el Amor, ¿por qué entonces creó el Infierno? Porque Dios también es Justicia infinita. En Dios todas las perfecciones son infinitas y son una misma cosa. El pecado es un mal tan grande que para darnos cuenta de su malicia basta que contemplemos lo que le ha costado a Jesucristo vencer el pecado y pagar la deuda de la humanidad. Y a pesar de que el Infierno es terrible, algo que uno no se puede imaginar estando aquí en la tierra, también se puede decir que es menos de lo que merece el pecado. ¡Qué terrible es el pecado! ¡Y nosotros lo cometemos tan tranquilamente! ¡Que no suceda más de hoy en adelante, y evitemos al menos los pecados mortales, para luego evitar también los pecados veniales y las imperfecciones!
Dios nos ha creado por amor, pero en este mundo debemos sufrir porque con el sufrimiento pagamos por los pecados que hemos cometido y nos hacemos solidarios haciendo las veces de corredentores de nuestros hermanos. Recordemos que quien sufre tiene muy cerca a Dios, porque Dios está cerca del que sufre por alguna causa.
Todas las acciones de Dios son movidas por el Amor, incluso las que parecen castigos tremendos, siempre las mueve el Amor de Dios. Dios no es cruel, sino que es bondad infinita, y en el Cielo veremos claro que todo lo que Dios hizo o permitió que nos sucediera fue por amor hacia nosotros.
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