domingo, 3 de agosto de 2014

Cuando tu sueño se hace realidad
Vence el qué dirán y continúa siempre constante porque ese es el sueño que es tuyo y tú lo tienes que hacer realidad. 
Autor: P. Dennis Doren LC | Fuente: Catholic.net

Nuestra vida está bañada de ilusiones, retos y sueños, ellos constituyen gran parte del sentido y el valor de nuestra vida; cada mañana, al despertarnos, sentimos las ganas de vivir, de caminar y de realizar ese sueño que nos ilumina al comenzar el día. Lo importante en la vida es tenerlos, y hoy te pregunto: ¿qué sueños tienes, que ilusiones y metas motivan hoy tu vida?, ¿ellos son tan sólidos y claros que te llevan a ir contracorriente y a vencer, a pensar que muchos te digan que no puedes? Vence el qué dirán, surca la tempestad de la incomprensión y continúa siempre constante porque ese es el sueño que es tuyo y tú lo tienes que hacer realidad. Te comparto esta historia del gusanito, sin duda que motivará a siempre seguir adelante.

Un pequeño gusanito caminaba un día en dirección al sol. Muy cerca del camino se encontraba un chapulín.¿Hacia dónde te diriges? , -le preguntó-. Sin dejar de caminar, la oruga contestó: Tuve un sueño anoche, soñé que desde la punta de la gran montaña yo miraba todo el valle. Me gustó lo que vi en mi sueño y he decidido realizarlo. 

Sorprendido, el chapulín dijo mientras su amigo se alejaba: ¡Debes estar loco! ¿Cómo podrás llegar hasta aquel lugar? ¡Tú, una simple oruga! Una piedra será una montaña, un pequeño charco un mar, y cualquier tronco una barrera infranqueable. Pero el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó. Sus diminutos pies no dejaron de moverse.

De pronto se oyó la voz de un escarabajo: ¿Hacia dónde te diriges con tanto empeño. Sudando ya el gusanito, le dijo jadeante: Tuve un sueño y deseo realizarlo, subiré a esa montaña y desde ahí contemplaré todo nuestro mundo. 

El escarabajo no pudo soportar la risa, soltó la carcajada y luego dijo: Ni yo, con patas tan grandes, intentaría una empresa tan ambiciosa Él se quedó en el suelo tumbado de la risa mientras la oruga continuó su camino, habiendo avanzado ya unos cuantos centímetros. Del mismo modo, la araña, el topo, la rana y la flor aconsejaron a nuestro amigo a desistir. ¡No lo lograrás jamás! le decían, pero en su interior había un impulso que lo obligaba a seguir.

Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su último esfuerzo un lugar dónde pernoctar. Estaré mejor, fue lo último que dijo, y murió.

Todos los animales del valle, por días, fueron a mirar sus restos. Ahí estaba el animal más loco del pueblo. Había construido como su tumba un monumento a la insensatez. Ahí estaba un duro refugio, digno de uno que murió por querer realizar un sueño irrealizable.

Una mañana, en la que el sol brillaba de una manera especial, todos los animales se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una advertencia para los atrevidos. De pronto quedaron atónitos.

Aquella concha dura comenzó a quebrarse y, con asombro, vieron unos ojos y una antena que no podía ser la de la oruga que creían muerta. Poco a poco, como para darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas arcoiris de aquel impresionante ser que tenían frente a ellos: una mariposa.

No hubo nada qué decir, todos sabían lo que haría: se iría volando hasta la gran montaña y realizaría un sueño; el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir. Todos se habían equivocado.


Dios nos ha creado para realizar un sueño, vivamos por él, intentemos alcanzarlo, pongamos la vida en ello y, si nos damos cuenta que no podemos, quizá necesitemos hacer un alto en el camino y experimentar un cambio radical en nuestras vidas. Y entonces, con otro aspecto, con otras posibilidades y con la gracia de Dios, lo lograremos.

No dejes de luchar, si tienes limitaciones transfórmalas y que sean la plataforma de superación y sobre todo el medio que te ayude a alcanzar tus metas e ideales. Es buscando lo imposible como los hombres han encontrado y alcanzado lo posible, y aquellos que se limitaron a lo que visiblemente era posible, nunca dieron un paso. Has camino al andar y no te detengas, pues es ahí donde estará tu realización y, al final de la vida, la satisfacción de haber vencido. 

Vuelve a empezar   

Después de la confesión.
Después de la confesión sacramental con un sacerdote, debe comenzar para nosotros un nuevo tiempo, pues si efectivamente hemos realizado una buena, sincera y completa confesión de nuestros pecados, Dios ha borrado todo y nos está dando una nueva oportunidad para que empecemos de nuevo, como si recién saliéramos de la fuente bautismal.
Debemos aprovechar que tenemos el Sacramento de la Confesión, porque cada vez que nos vamos a confesar, saldremos renovados y con nuevos ímpetus para seguir por el camino de la vida, tratando de llegar a ser santos.
Pero suele pasar que, después de haber confesado nuestros pecados, Dios los destruye y los olvida, pero nosotros nos quedamos anclados en ellos, y hasta hay veces que nos parece que no hemos sido perdonados. Éstas son astucias del Maligno que no quiere que quedemos completamente libres, sino siempre atados al mal que hemos hecho. Pero Dios, en cada confesión, nos desata de la carga y nos libera.
Vayamos entonces cada mes a confesarnos, aunque no tengamos, por gracia de Dios, pecados graves, igual vayamos a confesar los pecados leves, para recibir sobre nuestra alma la lluvia de la Sangre redentora de Cristo, que tiene el poder de engendrar mártires.
Después de cada confesión, volvamos a empezar.

Mensaje espiritual 

No sólo de pan vive el hombre. 
El hombre no es sólo cuerpo, sino que también tiene una mente y un alma. Para la mente necesita el alimento de la verdad, y para el alma necesita la gracia santificante. Por eso el hombre no sólo vive de pan, sino también del alimento espiritual, porque el hombre es un compuesto de cuerpo y alma.
¿Y qué hace el mundo moderno y los enemigos de Dios? Tratan de llevar a la humanidad por el camino del materialismo, haciendo creer a los hombres que se puede ser feliz sólo por tener muchas “cosas” y todo el bienestar material y tecnológico.
Así vemos cómo aumentan en el mundo la depresión, el suicidio, el egoísmo y la desesperación, porque el hombre, que está hecho para conocer a Dios y amarlo, saber la verdad y adherirse a ella, se encuentra con que lo quieren satisfacer sólo con cosas materiales, y su deseo de espiritualidad, de infinito, queda profundamente insatisfecho.
La vorágine de los medios modernos de comunicación y la tecnología están tratando de crear una especie de paraíso en la tierra. Pero el verdadero Paraíso nunca podrá estar en la tierra. Y además, si queremos que la tierra sea la antesala del Paraíso, la única opción es que Dios reine en el mundo, que se difunda la verdad y el Evangelio, porque Dios, que ha creado al hombre, sabe cómo lo ha creado, y por eso es que le ha dado leyes para que se rija en la vida y sea feliz en ella, y luego sea feliz para siempre en el más allá.
Tenemos un alma y ella tiene derechos tanto, o incluso más, que el cuerpo. Así que si alimentamos y cuidamos nuestro cuerpo, que está bien hacerlo, mucho más debemos cuidar nuestra alma, que es inmortal, y que es lo más precioso que poseemos, porque es una imagencita de Dios.

sábado, 2 de agosto de 2014


Una lección para todos
La persecución a los cristianos avergüenza, enseña e interpela
Autor: Editorial Ecclesia | Fuente: www.revistaecclesia.com

La actitud del islamismo radical ha obligado, en pleno siglo XXI, en plena civilización de los derechos humanos, a un vergonzoso y forzado éxodo, en buena medida silenciado por los poderes mediáticos y políticos. Las casas de los cristianos fueron previamente marcadas con un signo, como aconteciera en la trágica época de la persecución nazi a los judíos. Nuestros hermanos cristianos, diezmados y preteridos, han sido obligados a dejar sus viviendas, sus pertenencias y sus raíces, en medio de un atropello, que tanto se aproxima al genocidio y al delito de lesa humanidad.

En el corazón de África, el grupo terrorista Boko Haram, una de las franquicias de Al Qaeda, prosigue, impune, con sus asesinatos, secuestros, extorsiones, conversiones forzadas y atentados. Y tampoco pasa nada. Y tampoco se moviliza en la medida de lo necesario la comunidad internacional.

No hay día que desde Pakistán, Afganistán, Siria, Egipto y hasta Líbano o alguno de los países del sudeste asiático más sometidos al islamismo o al comunismo, no nos lleguen noticias de nuevas y gravísimas conculcaciones de los derechos más elementales de los cristianos. Y aquí sigue sin pasar nada.

No creemos exagerar, ni contribuir a crear ningún clima de alarmismo o victimismo. Lamentablemente, lo que contamos no es ninguna novela o película, ni ninguna pesadilla onírica. Es una realidad dolorosa y vergonzosa, que no nos hemos de cansar de denunciar. Es una realidad que, a su vez, nos enseña e interpela.

El Papa Francisco, conocedor de esta situación de primera mano desde la atalaya de su misión y responsabilidad, lo señalaba claramente en la homilía de su misa en Santa Marta del lunes 30 de junio, memoria litúrgica de los protomártires romanos del siglo primero."Hoy en día -afirmó- hay tantos mártires en la Iglesia, muchos cristianos son perseguidos. Pensemos en el Medio Oriente, los cristianos que deben huir de las persecuciones, los cristianos asesinados por sus perseguidores. También los cristianos expulsados de manera elegante, con guantes blancos: esta también es una persecución. Hoy en día hay más testigos, más mártires en la Iglesia que en los primeros siglos. Y en esta misa, recordando a nuestros gloriosos antepasados, aquí en Roma, también pensamos en nuestros hermanos y hermanas que viven perseguidos, que sufren y que con su sangre hacen crecer la semilla de tantas pequeñas Iglesias que nacen. Oramos por ellos y también por nosotros".

Sí, la tragedia de los cristianos perseguidos de ayer y de hoy -sobre todo, la de hoy- es una lección para todos nosotros, para la entera comunidad cristiana y para la toda la sociedad. Por ello, el encuentro del Papa el jueves 24 de julio con Mariam, la cristiana sudanesa perseguida, encarcelada y final y felizmente liberada, es un acontecimiento emblemático y extraordinario, una lección, una catequesis. Como lo son las palabras de Francisco a Mariam y a su familia: "Gracias por el testimonio cristiano, gracias por la perseverancia en la fe, gracias por el ejemplo que nos ha dado a todos".

Y es que aquí viene la segunda parte de nuestra reflexión, el sacar bienes de este inmenso mal e injusticia que es la persecución de los cristianos. Los cristianos perseguidos, claro que nos enseñan y estimulan; claro que su ejemplo nos interpela. ¿Cómo responderíamos nosotros si nos viéramos sometidos a circunstancias como las de Mosul o las vividas por Miriam y su familia o las que todavía vive, desde 2009, en un oscura e inicua prisión, Asia Bibi en Pakistán y tantos y tantos otros hermanos cristianos anónimos?

¿Somos conscientes en España y en Occidente del inmenso tesoro de la fe y de su vivencia y profesión en coherencia y hasta en las más adversas condiciones? ¿Cómo no dejarnos evangelizar por estos hermanos nuestros y aprender de ellos a ser fieles al don de la fe y a su testimonio público y privado? Muchos de nuestros silencios a la hora de condenar y de actuar contra la persecución de los cristianos ¿no tendrá alguna relación con que, en el fondo, no valoramos su testimonio porque no acabamos de valorar suficientemente la grandeza incalculable de la fe? 

viernes, 1 de agosto de 2014

La supremacía de la conciencia. Fuente: La buhardilla de Jerónimo .




La supremacía de la conciencia

01 de ago de 2014
A lo largo de la historia de la Iglesia nos encontramos con muchos hombres y mujeres santos en los que brilla para nosotros el testimonio de sus conciencias formadas a la luz de la Palabra de Dios

No siempre las normas jurídicas y los dictados de la conciencia conviven de manera armoniosa. En situaciones particulares pueden generarse conflictos. Puede suceder que una determinada ley provoque en una persona o grupo de personas una profunda incomodidad, al punto de hacer imposible su cumplimiento debido a profundas convicciones morales o religiosas.


Muy a menudo, ciertos códigos conductuales implícitos de la sociedad entran en franco conflicto con nuestra escala de valores, con nuestros principios de vida.
 

Cuando estos conflictos aparecen hay que recordar que la supremacía reside siempre en la conciencia y tenemos la obligación de obrar en conformidad con ella. El hombre prudente – leemos en el catecismo – cuando escucha la conciencia moral, puede oír a Dios que le habla, y tiene derecho a actuar en esa conciencia con libertad. No obstante, la conciencia de cada uno no es la instancia suprema e infalible del juicio moral que puede decidir categóricamente sobre  el bien y el mal. La verdadera libertad depende fundamentalmente de la verdad: “conocerán la verdad y la verdad los hará libres” (Jn. 8, 32). La verdad se alcanza con la razón, pero con ésta sola no llegamos a conocer con facilidad, con firme certeza y sin ningún error todas las verdades religiosas y morales. En nuestro estado de naturaleza caída necesitamos de la Revelación divina para conocerlas. “En la formación de la conciencia, la Palabra de Dios es la luz de nuestro caminar; es preciso que la asimilemos en la fe y la oración, y la pongamos en práctica” (CIC 1785).

Cuando afirmamos que la conciencia tiene la supremacía, nos referimos a una conciencia cuyo dictamen está lejos de ser confundido con un capricho o con la mera opinión personal. Supremacía tiene sólo aquello que se presenta en nosotros como la voz de Dios que nos habla en lo profundo del alma. Una voz que en ocasiones nos pedirá que obremos contrariamente a nuestro gusto y comodidad. Por eso es un deber del cristiano formar la propia conciencia,  buscar la verdad, esforzarse por conocer la Ley de Dios, que es la norma suprema de la vida humana.
 

A lo largo de la historia de la Iglesia nos encontramos con muchos hombres y mujeres santos  en los que brilla para nosotros el testimonio de sus conciencias formadas a la luz de la Palabra de Dios. En estos tiempos en los que con mucha ligereza se acusa de fundamentalistas, obstinados y discriminadores a los católicos que ‘en conciencia’ no pueden aceptar muchas de las cláusulas del modelo social que se quiere imponer, nos hace bien mirar e invocar a los santos que nos precedieron y encontrar en la comunión con ellos luz, fortaleza y consuelo. Uno de los santos de quien conservamos el admirable testimonio de una conciencia cierta y recta, formada a la luz de la Palabra de Dios, es Tomás Moro. Quiera Dios concedernos la gracia de poder imitarlo.


*
 
El año 1534 significó para la Iglesia en Inglaterra el comienzo de un desastre. Se preparaba la ruptura con Roma y se elaboraban las leyes que sostendrían las decisiones del rey como “Cabeza de la Iglesia”, es decir, de la Iglesia Anglicana. En ese conjunto de leyes se encontraba la Ley de Sucesión en la que se declaraban los principios de independencia respecto a Roma y se aclaraban los efectos que ante los súbditos tendría el nuevo matrimonio de Enrique VIII. Los ciudadanos debían reconocer esos principios y efectos por medio de un juramento. Aquellos que no hicieran el juramento serían considerados traidores.
 

Tomás Moro, que ya para ese momento no era más el Canciller de Inglaterra, fue convocado para prestar juramento a la Ley de Sucesión. Era el 13 de abril de 1534. En el palacio de Canterbury leyó cuidadosamente el texto del juramento y luego manifestó a los comisarios que dicho texto lo colocaba en una situación difícil para su conciencia. Les explicó que hacer ese juramento sería exponer su alma a la condenación eterna. Trataban de convencerlo para que jurara. No podían entender el motivo de la postura de Tomás; pensaban que era sólo “terquedad y obstinación”. Pero no era así. Moro no podía aceptar en conciencia que se declarara inválido el matrimonio del rey con Catalina de Aragón y que se negara la supremacía del Papa sobre la Iglesia. No era un asunto político, era un asunto espiritual. Ya sabemos el desenlace de la historia. Tomás Moro fue encarcelado en la Torre de Londres y más tarde ejecutado, el 6 de julio de 1535.


Estando en prisión, en la Torre de Londres, escribió varias cartas (1). Entre ellas, la que citamos a continuación, dirigida a un tal Rev. Master Leder:
 

De lo que por ahí se cuenta de mí no puedo sino daros las gracias, pero, aunque os gustaría que fuese verdad, doy gracias a Dios de que es una pura invención. Confío en la gran bondad de Dios que nunca permitirá que sea verdad. Si mi mente hubiera sido realmente obstinada, no me habría contenido a confesar la verdad llanamente, por mucha vergüenza o reproches que me hicieran. Pues me propongo no depender de la fama del mundo. Pero doy gracias al Señor de que lo que hago no es por obstinación sino por la salvación de mi alma, porque me es imposible inclinar mi inteligencia a pensar de manera diferente sobre el juramento.

No juzgaré de las conciencias de otros hombres, ni a ningún hombre he jamás aconsejado que acepte o rechace el juramento, pero por lo que a mí respecta, si tuviera la desgracia de prestar juramento (y confío que el Señor jamás lo permitirá) tened por seguro que sería dicho y obtenido por malos tratos y tortura. Pues todos los bienes de este mundo no estimo ahora mismo, gracia a Dios, más de lo que estimo el polvo. Confío que no usarán medios violentos, y también que, si lo hacen, Dios en su bondad y ante la abundancia de oraciones de tanta buena gente que ruega por mí, me dé la fortaleza para mantenerme firme. Fidelis Deus, dice San Pablo, qui non patitur vos tentari supra id quid potestis ferre, sed dat cum tentatione proventum ut possitis sustinere. Porque de esto estoy muy seguro: si lo jurase, juraría mortalmente en contra de mi propia conciencia. Estoy muy convencido en mi mente de que nunca seré capaz de cambiar mi propia conciencia a lo contrario; y con las de otros hombres no quiero entrometerme.

Me han hecho ver que se me considera terco y obstinado porque desde mi llegada aquí no he escrito a su Alteza el Rey y de mi puño y letra implorar ante él de alguna manera. Pero la verdad es que no veo en esto obstinación alguna, sino más bien una actitud sumisa y respetuosa, porque no veo nada que podría escribir sin temer mucho que sería muy probable que su Majestad se enojara aún más conmigo, cosa muy previsible mientras crea que la causa de mi conducta no es mi conciencia sino una obstinada terquedad. Dios sabe bien que el único obstáculo es mi conciencia, y a su disposición remito todo este asunto. In cuius manu corda regum sunt. Pido al Señor que todos cuantos han jurado demuestren ser tan fieles súbditos del Rey como estoy seguro lo son quienes han rechazado jurar.

Apresuradamente, el sábado 16 de enero, por mano de quien reza por vos.
 

Tomás Moro, Caballero y prisionero.
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Parroco argentino del IVE, también bajo los misiles

31 de jul de 2014
Se encuentran en la parroquia tres monjas de las Hermanas de la Madre Teresa, junto con 29 chicos discapacitados y nueve ancianas a su cargo.
P. Jorge Hernández. Foto: Andres Bergamini, Patriarcado Latino de JerusalénLa única parroquia católica de la Franja de Gaza, atendida por el sacerdote argentino Jorge Hernández, también fue alcanzada por las bombas del ejército israelí.
Debido al impacto de un misil, la escuela parroquial adyacente a la pequeña iglesia de la Sagrada Familia, la oficina del párroco y algunos locales utilizados por la comunidad fueron destruidos ayer parcialmente.
El padre Hernández confirmó la información a la agencia católica Fides. Según indicó el sacerdote, el objetivo principal del bombardeo era una casa que se encuentra a pocos metros de la parroquia -situada en el barrio Zeitun, al este de Gaza- que fue completamente destruida.
Además de Hernández, que pertenece al Instituto del Verbo Encarnado (IVE), se encuentran en la parroquia tres monjas de las Hermanas de la Madre Teresa, junto con 29 chicos discapacitados y nueve ancianas a su cargo.
"Hemos tenido una noche difícil, pero estamos aquí. Esta guerra es absurda", dijo el padre Hernández a la agencia Fides.
"Después de destruir el barrio Shujayeh, el ataque israelí ahora se dirige al barrio de Zeitun. Todo sucede a nuestro alrededor. Los milicianos de Hamas siguen disparando misiles y luego se esconden en los callejones", relató.
Ayer por la tarde, el ejército israelí comenzó a enviar mensajes de texto a los residentes de Zeitun con la orden de abandonar las casas que iban a bombardear.
Pero el párroco dijo que no pueden hacer absolutamente nada. "No podemos evacuar, porque con los chicos es imposible. Sus familias viven por aquí. Y puede ser más peligroso salir que quedarse aquí. Tratamos de permanecer en los lugares más seguros, siempre en la planta baja", sostuvo.
El peligro no es nada nuevo para el párroco argentino y los chicos que viven en la parroquia. El 16 pasado, tres misiles destruyeron una casa muy cerca de la iglesia.
Dos días después del ataque, el papa Francisco le envió a Hernández un mensaje en el que le expresaba su apoyo. "He recibido noticias a través del padre Mario Cornioli. Estoy junto a vos y a las hermanas y a toda la comunidad católica", dijo el Pontífice. "Los acompaño con mi oración y cercanía. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide. Un abrazo. Fraternalmente, Francisco", agregó en la breve carta.
VIOLENCIA
Pese a las advertencias que Israel envía por mensajes grabados a los teléfonos fijos, mensajes de texto o panfletos, Hernández dijo en una entrevista con el Vatican Insider que escapar es muy difícil.
"Gaza es muy pequeño. Todo está tan cerca... y como todo el mundo nos preguntamos adónde podemos ir. No hay un lugar seguro o neutral que nos pueda acoger. Entonces, ¿adónde podemos ir?", se preguntó.
Según contó a la nacion María de la Santa Faz, en una entrevista telefónica la semana pasada, en los momentos de máxima tensión todos se refugian en los lugares más seguros de la casa, lejos de las ventanas, que explotan por la onda expansiva de las bombas.
En medio de la creciente tensión, el cura argentino comunica lo que sucede en Gaza a través de la página del IVE.
"Los crímenes están aumentando. Los chicos empiezan a enfermarse por el miedo, el estrés, el ruido continuo", escribió Hernández tres días antes del ataque del 16 pasado.
"¿Qué se le predica a esta gente? ¿Cómo confortarlos? Que difícil. Y además: ¿vendrá gente??", se preguntaba el párroco argentino en el sitio web.
JORGE HERNÁNDEZ
Párroco de la Sagrada Familia
Es mendocino y párroco de Gaza desde 2009; vive en la parroquia junto a tres monjas, 29 chicos discapacitados y nueve ancianas..
fuente: La Nación
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Diario vivir

El camino del amor. 
A veces cuando pensamos en la santidad se nos vienen a la mente un montón de cosas que cumplir, de virtudes difíciles de practicar y lo vemos poco menos que imposible para nosotros. Pero hay que evitar complicarse la vida, y meditar en realidad qué es la santidad. Porque ser santo quiere decir amar a Dios con todo el corazón, y no es difícil amar.
Así que debemos empezar por lo más fácil, que es amar; y entonces automáticamente llegaremos a ser santos. Pero aunque nunca lleguemos a ser perfectos, igualmente lo que Jesús quiere de nosotros es nuestro corazón, nuestro amor.
Si amamos a Dios, entonces todo se nos irá haciendo fácil, porque el amor da fuerzas para cumplir con los deberes de estado, y nos impulsa a hacer penitencia  y apostolado, de manera que amando es como agradaremos a Dios, y nos iremos haciendo cada vez más perfectos.
Este camino del amor fue elegido por Santa Teresita, pero antes lo descubrió Santa María Magdalena, que lloró sus innumerables pecados a los pies de Jesús, y mereció de Él la alabanza de que se le perdonaba mucho, porque amaba mucho.
También nosotros quizás tenemos muchos pecados para que Dios nos perdone. ¿Por qué no hacemos como la Magdalena y vamos a los pies de Jesús?, o mejor todavía, a su Corazón, y lloremos y besemos la llaga del costado abierto del Señor, entonces recibiremos el premio a nuestro amor.
Empecemos por el amor porque todo tiene valor cuando se hace por amor. La mamá hace las cosas del hogar porque ama a sus hijos y a su esposo. Si no tuviera amor, ¡qué pesado se le haría todo!
Así también en la vida espiritual, olvidemos un poco las “prácticas”, y no nos atemos demasiado a ellas, sino más bien digámosle al Señor requiebros de amor. Elevemos el corazón muchas veces durante el día para decirle: “Jesús, te amo”, y entonces sí que el diario vivir se nos hará como la antesala del Paraíso, porque quien vive amando, es feliz ya en este mundo.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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